En un gesto de hermandad y solidaridad, un grupo de comerciantes de Cúcuta cruzó la frontera hacia Venezuela la noche del jueves 25 de junio, llevando ayuda directa a los damnificados por los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que sacudieron el centro del país el miércoles anterior, dejando al menos 589 muertos y cerca de 3.000 heridos.

Ante el cierre de los vuelos comerciales entre ambas naciones por los daños estructurales en los aeropuertos venezolanos, la vía terrestre se ha convertido en el canal logístico de salvamento. Las fundaciones colombianas y los sectores productivos han tenido que reorientar la ayuda hacia las fronteras de La Guajira, Arauca y Norte de Santander.

Una caravana de solidaridad sobre el puente Simón Bolívar

Desafiando las dificultades del momento, los comerciantes cucuteños organizaron una caravana de carros y motocicletas — algunos de ellos portando la bandera de Venezuela — para atravesar el puente internacional Simón Bolívar, tal como reseñó el Diario La Nación. El cargamento humanitario fue trasladado directamente al centro de acopio habilitado en el lado venezolano, ubicado en la esquina de la carrera 8 con calle 4 del barrio Lagunitas. Entre los suministros entregados por jóvenes y adultos había bidones de agua potable, alimentos no perecederos y artículos de primera necesidad, además de productos de soporte logístico.

«De Cúcuta para Venezuela», manifestaron los miembros del grupo al hacer la entrega, haciendo un llamado urgente a todos los sectores productivos de la región para que se unan y manifiesten su apoyo a las comunidades que hoy sufren los estragos de los sismos.

Contingencia y apoyo en la frontera

La iniciativa de estos comerciantes coincide con el despliegue activado por el gobierno colombiano. El Ministro de Defensa, general (r) Pedro Sánchez, anunció la puesta en marcha de las capacidades del sector defensa junto a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), mientras las autoridades fronterizas mantienen planes de contingencia ante el flujo humanitario y el temor a réplicas que obligan a miles de personas a dormir a la intemperie.