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Niñas y mujeres venezolanas concentran casos de trata en frontera

Un informe documentó 630 casos de trata y mostró que la mayoría de las víctimas registradas son venezolanas. La explotación sexual golpea con fuerza la frontera colombo-venezolana.

Niñas y mujeres venezolanas concentran casos de trata en frontera

Un informe sobre trata en la frontera colombo-venezolana registró 630 casos entre 2018 y 2026 y encontró que 78 % de las mujeres adultas y 99 % de las niñas identificadas son venezolanas, según el estudio Trata en la prostitución de mujeres y niñas en la frontera colombo-venezolana, elaborado por la Corporación Mujer Denuncia y Muévete.

Factores de vulnerabilidad

Paula Andrea Jiménez, codirectora de Laboratorio Migrante, señaló en el programa Háblame Bajito de Radio Fe y Alegría Noticias que la migración forzada, la pobreza extrema, la violencia intrafamiliar y el control de grupos armados aumentan la exposición de mujeres y niñas frente a las redes de trata. Añadió que la mayoría de las víctimas son jóvenes de entre 16 y 29 años y que Norte de Santander concentra el mayor número de registros de explotación sexual.

La investigación advierte que el problema también alcanza a niñas, adolescentes y mujeres en las zonas fronterizas de Táchira y Zulia, además de personas trasladadas desde otras regiones de Venezuela. Jiménez indicó que en el Catatumbo existe una presencia importante de connacionales y que las estructuras de trata se aprovechan de contextos de vulnerabilidad para captar a sus víctimas.

De acuerdo con lo expuesto, en muchos casos la captación ocurre a través de vecinas, amigas o incluso familiares que ya forman parte de estas redes. La investigadora aseguró que entre los grupos vinculados figuran el Ejército de Liberación Nacional y las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

La explotación detrás de apariencias legales

Jiménez explicó que la explotación sexual puede esconderse detrás de hoteles, bares, spas y viviendas de alquiler temporal, negocios que aparentan legalidad. También advirtió sobre el crecimiento de las plataformas de contenido webcam, que complican la detección institucional de estas prácticas en entornos digitales.

La especialista agregó que algunas víctimas son sometidas al consumo de drogas, alcohol y otras sustancias, amenazadas con armas, despojadas de sus documentos o presionadas por sus propias parejas para generar ingresos. Además, alertó sobre contenidos pornográficos producidos sin consentimiento, incluidas grabaciones de agresiones sexuales, como otra expresión de violencia asociada a estas dinámicas.

Jiménez sostuvo que muchas mujeres llegan a contextos de prostitución después de haber sufrido violencia en sus hogares. En algunos casos, dijo, las uniones tempranas se convierten en una salida aparente y luego la pareja termina actuando como proxeneta; en otros, el escape de un entorno violento acaba en una nueva forma de explotación.

La codirectora de Laboratorio Migrante también afirmó que las emergencias humanitarias elevan los riesgos. Mencionó situaciones registradas en albergues de zonas afectadas por el terremoto en Colombia, donde organizaciones presentes en el terreno denunciaron intentos de hombres por llevarse a mujeres por la fuerza. A su juicio, la trata deja secuelas de largo plazo, como estrés postraumático y bebés nacidos producto de violencia sexual y reproductiva.

Finalmente, planteó que la trata y la explotación sexual deben analizarse desde la demanda de ese comercio. Señaló que se trata de un triángulo entre quienes demandan los servicios sexuales, las redes o proxenetas que obtienen beneficios económicos y las mujeres y niñas sometidas a explotación. Por ello, pidió a los Estados y a la sociedad civil trabajar para reducir esa demanda y generar alternativas de vida para las víctimas.

Contenido redactado con asistencia de un LLM.

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