A lo largo de las calles de la Ciudad Histórica de La Guaira, el vaivén cotidiano se interrumpe de forma grata cuando la música en vivo de un saxofón sale a recibir a los transeúntes. Al asomarse al interior de una de las viviendas, la melodía acompaña el laborioso trabajo de mantenimiento que realiza un vecino para devolverle el color y la vida a los espacios de su familia política tras el reciente movimiento telúrico que sacudió la zona.
El protagonista de esta estampa de resiliencia es Luis Correa, un hombre residenciado originalmente en la parroquia Macuto junto a su esposa, con quien comparte 37 años de matrimonio. Ante las afectaciones generadas por el temblor, Correa no dudó en trasladarse para brindar apoyo directo a su familia política en las labores de recuperación del inmueble, donde ya logró solventar las fisuras superficiales y ahora se dedica a embellecer las paredes con una nueva capa de pintura.
Durante la jornada de trabajo, la música funciona como un estímulo constante para levantar el ánimo y mantener un ambiente festivo. Correa, quien se define como un parrandero nato, explica que la iniciativa busca contrarrestar la tensión acumulada y alegrar el espacio mientras se ejecutan las reparaciones necesarias en la estructura, una tarea que asumió personalmente gracias a sus conocimientos previos en el área de construcción y albañilería.
Memoria y esperanza frente a la tragedia
Al recordar los momentos críticos del sismo, el testimonio adquiere un tono de profunda reflexión al rememorar los daños sufridos tanto en su vivienda principal en Macuto —la cual también presentó grietas menores que ya logró reparar por su cuenta— como en el entorno comunitario. Las pérdidas humanas y el impacto en las familias y niños de la región siguen siendo un recuerdo doloroso que estremece a los residentes locales, quienes cifran sus esperanzas en una pronta recuperación integral de la infraestructura regional.




