En el muelle de La Zorra, en Catia La Mar, los pescadores aseguran que el mar sigue dando pescado, pero el problema empezó después del doble terremoto del 24 de junio: ya casi no hay quién lo compre.

José Gómez, con más de 30 años viviendo de la pesca, resume el cambio en una frase: «Aquí sí hay pescado. Lo que no hay es quien lo compre».

Más captura, menos ventas en el muelle

Los trabajadores dicen que las pescaderías están casi vacías de compradores y que los caveros, quienes compran la pesca en el muelle para revenderla en mercados y comercios, desaparecieron en buena parte tras el desastre.

Gómez calcula que ahora venden apenas un 50% o 60% de lo que sacan. Explica que hay lanchas que casi no salen porque no les alcanza para sostener la faena y que, cuando logran llevar pescado al muelle, muchos cargamentos se quedan sin salida.

José cuenta que llegó a pescar 100 kilos de atún, pero apenas logró vender cuatro kilos, uno por uno. Otros cargamentos de 100 o 200 kilos que antes se colocaban completos ahora no encuentran comprador.

Al final del día, dice, a veces solo les quedan 15 o 20 dólares. Para no perder la mercancía, congelan el pescado, lo venden poco a poco o se lo llevan para sus casas.

El sismo agravó la salida y la cadena de trabajo

El problema no se limita a la venta. Durante varias semanas, el canal de acceso al muelle quedó parcialmente afectado y sacar las lanchas implicaba remolcarlas entre varios pescadores.

Luis, capitán de una lancha pesquera, explica que ahora la urgencia es reparar la máquina de dragado que permite despejar la entrada de la bahía. Dice que necesita aceite y nuevas piezas para funcionar al 100%.

También señala daños en el concreto del muelle. Según su testimonio, una grieta abrió unos 10 centímetros y hay partes con hasta 15 centímetros de desplazamiento.

Los pescadores aseguran que una jornada de pesca puede costar entre 80 y 100 dólares entre gasolina, aceite para el motor, hielo, carnada y otros insumos. Daniel Villegas, de 28 años, afirma que a veces regresan con 20 kilos de pescado, pero si lo venden a tres dólares el kilo solo reúnen 60 dólares, por debajo del gasto de salida.

Villegas dice que, además, suelen esperar una semana para que les paguen. «De verdad, a mí me tiene deprimido la pesca», afirma.

Donaciones y apoyo para sostener el oficio

Mientras intentan mantenerse a flote, algunos pescadores también donan parte de sus capturas a Corpesca, que las distribuye en casas de abrigo, hospitales y comunidades que lo necesitan.

Los trabajadores dicen que han recibido bolsas de alimentos y apoyo con combustible gracias a la Gobernación. También mencionan el trabajo de Prisco Ávila, al frente de la Dirección de Pesca y Acuicultura en el estado La Guaira, y de Mike Palma, coordinador regional de Corpesca.

Además, destacan la organización del Consejo del Poder Popular de Pescadores y Acuicultores de La Zorra, con asambleas cada 15 días o tres semanas para revisar qué hace falta y cómo apoyarse entre ellos.

La petición central, repiten, no es una promesa grande sino ayuda para abaratar costos: carnada, aceite y equipos. Sostienen que el mar sigue dando, pero la economía alrededor de la pesca quedó golpeada.