Tanto el líder chavista y mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, como el jefe de la mayoría opositora y presidente del Parlamento, Juan Guaidó, lejos de hacer autocrítica y preguntarse por qué sus conciudadanos se alejan cada día más de ellos, se congratularon por sus particulares logros.
Ni el chavismo ni las opciones opositoras vigentes. La mayoría de venezolanos ha dejado claro su hastío y descontento con el plantel político actual. Frente a las posibilidades de votar en las elecciones legislativas o en la consulta opositora (no vinculante) planteada por Guaidó, ganó el rechazo a ambas. La negativa a participar en ninguna de las dos venció al 30,18 % de ciudadanos que votaron en los comicios y al 27,98 % que respondió a la consulta de la oposición. Pero, pese a estos resultados, tanto el líder chavista y mandatario de Venezuela, Nicolás Maduro, como el jefe de la mayoría opositora y presidente del Parlamento, Juan Guaidó, lejos de hacer autocrítica y preguntarse por qué sus conciudadanos se alejan cada día más de ellos, se congratularon por sus particulares logros. Chavismo, perder para ganar La coalición oficialista Gran Polo Patriótico (GPP), con el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) a la cabeza, se hizo con 4.317.819 votos, 1.307.429 menos que en los comicios legislativos de 2015, pero esa pérdida de afectos no parece importar al chavismo, ya que los sufragios logrados le sirven para recuperar la Asamblea Nacional (AN, Parlamento).
La abstención, que rozó el 70 %, favoreció al partido de Maduro, frente a las elecciones de 2015, cuando la alta participación lo dejó fuera de juego en beneficio de la oposición liderada por Guaidó, que ganó aquellos comicios por una amplia mayoría, que lo llevó a presidir el Parlamento, cuyo ejercicio concluye el próximo 5 de enero, fecha en la que tomarán posesión los nuevos diputados.
Desde la jornada electoral del pasado 6 de diciembre, el chavismo no dejó de pregonar su gran triunfo, tras lograr el 91 % de los votos de una escasa y mutilada participación. Los simpatizantes de la mayoría opositora se quedaron sin opciones para votar, al ser inhabilitados sus líderes más fuertes, lo que auguraba, inevitablemente, el triunfo oficialista. Pero el chavismo no solo perdió más de 1.300.000 votos, sino que también se quedó sin el apoyo de una parte de emblemáticos políticos de la izquierda venezolana, como el secretario general del Partido Comunista de Venezuela (PCV), Óscar Figuera. Desmarcado de Maduro, Figuera aseguró que el mandatario desarrolla una política «contraria al compromiso y el acuerdo del presidente Hugo Rafael Chávez Frías (1999-2012). Hay una deriva totalmente contraria a lo que fue el compromiso del presidente Chávez con nuestro pueblo». En la misma línea, se posiciona Ares Di Fazio, secretario general de Tendencias Unificadas Para Alcanzar el Movimiento de Acción Revolucionaria Organizada (Tupamaro), y Rafael Uzcátegui, secretario general del Patria Para Todos (PPT).
Ambos consideran que el Gobierno se ha escorado hacia una política alejada de la revolución y cada vez más próxima al capitalismo y al neoliberalismo. Pero nada importa al chavismo, ni la pérdida de votantes ni de apoyos políticos, si el objetivo está conseguido: volver al Parlamento. La realidad opositora El comportamiento de la mayoría opositora al concluir la consulta ciudadana impulsada por Guaidó apenas difiere del de sus oponentes: celebración por un dudoso éxito que proclaman sin pudor, pese a las numerosas críticas recibidas en redes sociales por quienes otrora los apoyaban. El presidente del Parlamento soñaba con largas colas de votantes durante la jornada del sábado, única fecha en el que los venezolanos tuvieron la opción de depositar su papeleta de forma presencial.