Que el 1% más rico del planeta tenga ya tanto o más dinero que el otro 99% de la población mundial, es más que una cifra estadística sobre la creciente desigualdad global, más marcada, por cierto, en América Latina que en cualquier otra parte de la Tierra.
Recientemente, la ONG británica Oxfam dio a conocer un informe sobre la distribución de la riqueza. Es esta investigación se concluyó que, en los últimos 12 meses, la brecha entre la franja de los más ricos y la del resto de la población se ha profundizado de manera dramática.
Un ejemplo de esa concentración acelerada de riqueza en contadas manos la revela el informe con cifras que gritan por atención: “62 de las personas más ricas del mundo entre quienes se encuentran Bill Gates, Microsoft; Carlos Slim, telecomunicaciones; Warrem Buffett, Berkshire Hathaway; Amancio Ortega, Zara; y Larry Ellison, Oracle; tienen tanta riqueza como el 50% más pobre de la población. Esto “es una clara demostración de la concentración de riqueza en pocas manos, en especial si se toma en cuenta que en 2010 eran necesarias 388 personas para igualar la riqueza del 50% más pobre”.
Para verlo más puntualmente, solo 62 personas en el planeta tienen tanto dinero como lo podrían reunir 3,6 mil millones de personas (3.600.000.000).
Cañete: Acumulación de dinero afecta el crecimiento de los países.
“Una economía al servicio del 1%”, dice el título del informe. La alarmante desigualdad no solo es una especie de máquina productora de pobreza, sino que, como lo explicó a PANORAMA la coordinadora de la campaña Iguales de Oxfam para América Latina, Rosa Cañete, también está truncando el desarrollo económico de los países. “Estos datos deben generar una gran alarma mundial. Ya no solo es terrible para la población más pobre del planeta, que ya es mucho, sino que, incluso, está comenzando a afectar los niveles de crecimiento económico” porque, entre otros aspectos, “si la riqueza es succionada hacia arriba y cada vez menos distribuida hacia abajo, la capacidad de consumo se ve afectada”.
El coautor del estudio, Ricardo Fuentes-Nieva, director ejecutivo de Oxfam México, advirtió tras la publicación del documento que “la desigualdad de ingresos también es mala para los niveles generales de crecimiento. Los sistemas económicos para el 1% pueden ser frenados antes de que sea demasiado tarde para el 99% restante”.
Ya el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) había alertado que las desigualdades a los niveles actuales no solo eran injustas, sino que también impiden el progreso humano.
Para la economista Cañete, autora también del informe Privilegios que niegan derechos, desigualdad extrema y secuestro de la democracia en América Latina y El Caribe (septiembre 2015), esta concentración de riqueza permite, además, que las élites económicas en conjunción con las élites políticas diseñen políticas públicas que privilegian a los que están más arriba.
¿El resultado? Pues reducción de la capacidad redistributiva de los estados (algo que incrementa la desigualdad). Lo anterior permite, paralelamente, la acumulación de riqueza y poder en las élites económicas. Por algo Fuentes-Nieva comenta que “no hay forma de obviar el hecho de que los grandes ganadores en la economía global son las personas más ricas. Nuestro sistema económico se encuentra cada vez más sesgado a su favor”.
Endémica. Así es entonces la desigualdad, resumida en una palabra, particularmente en América Latina y el Caribe.
Como endémica la definió en el informe Privilegios que niegan derechos, Nora Lustig, profesora de economía latinoamericana en la Universidad de Tulane (EE UU). “La desigualdad es endémica y aparece prácticamente en todas las dimensiones. Una región de contrastes donde radica el 5% de los mil millonarios del mundo con gran número de pobreza extrema”, escribió la también miembro del Centro para el Desarrollo Global y Diálogo Interamericano.
El informe de Oxfam se enfoca en esta oportunidad en los paraísos fiscales porque, entre otros asuntos relevantes, estimulan la concentración de la riqueza y limitan los márgenes de acción de los estados para distribuirla.
Los paraísos fiscales le están quitando recursos a los estados para su redistribución.
“Los paraísos fiscales le están robando muchísimo dinero a los estados para poder desarrollar políticas públicas y sociales que garanticen los derechos de la gente”, dijo Cañete.
Estimaciones de fuentes especializadas han establecido la riqueza individual en los paraísos fiscales en unos $ 7,6 billones. La suma del PIB de Alemania y Reino Unido no superan esa cifra.
En Oxfam (explicó Cañete) han calculado que residentes latinoamericanos tienen unos dos billones de dólares en los paraísos fiscales. “Si pudiéramos gravar ese dinero a una tasa de solo 3,5%, se podría sacar de la pobreza monetaria a 32 millones de personas”. Cañete, haciendo referencia a los datos de la Red de Justicia Fiscal, aseguró que Venezuela es uno de los países latinoamericanos cuyos residentes tienen más dinero colocado en estos lugares que eximen del pago de impuestos a los inversores extranjeros que mantienen cuentas bancarias o constituyen sociedades en su territorio.
La Red, un espacio independiente integrado por 21 miembros, tiene a Brasil a la cabeza (519,5 millones de dólares), seguido de México (417,5 md), luego Venezuela (405,8 md) y en el cuarto peldaño Argentina (399,1 md), en lo que a la clasificación regional se refiere.
Paradójicamente, los paraísos fiscales siguen palpitando vigorosamente pese a las medidas que tras la última crisis económica global se tomaron. “Vemos que se mantienen altos niveles de desregularización y el secreto bancario. Esto permite que se escondan recursos, que escapan del control de los estados”.
El informe de Oxfam exhorta a los gobiernos para que desarrollen medidas que limiten la influencia del cabildeo en la toma de decisiones. “Los paraísos fiscales son una muestra de que las élites generan unos sistemas que los protegen”, puntualizó Cañete.
El estudio hace también un llamado para que a los trabajadores se les pague un salario digno y que la brecha creada por las recompensas a los ejecutivos se estreche. El periodista y escritor español, Xavier Caño Tamayo, ha dicho que “en Alemania ya hay ocho millones de trabajadores que ganan menos de 450 euros mensuales y, en Francia, cuyo nivel de pobreza es el mayor desde 1997, dos millones de asalariados ganan menos de 645 euros al mes y 3,5 millones de personas necesitan ayuda alimentaria para sobrevivir. Incluso, en los países con fama de más igualitarios (Suecia, Noruega…), la renta del 1% más rico ha aumentado más del 50%, pero no así la del resto”.
Para Caño Tamayo, no se lucha contra la pobreza sin hacerlo contra la desigualdad.
Oxfam alerta que la concentración de riqueza en unas pocas manos, junto al aumento de las influencias de los más ricos sobre los políticos, amenazan con debilitar los sistemas democráticos.
Con economías y sistemas democráticos cada vez más amenazados por la ascendente concentración de la riqueza, para Cañete es importante que la región tenga “más gobiernos que representen los intereses de la mayoría. Y, en este momento, es clave que los gobiernos de América Latina tengan claro que en tiempos de crisis se necesitan políticas que fortalezcan los derechos y no que los reduzcan, de lo contrario, se corre el riesgo de perder los logros alcanzados durante los últimos años”.
La coordinadora de la campaña Iguales tuvo unas palabras con las que podemos cerrar este trabajo: “La única forma de reducir la pobreza y la desigualdad, cuando se crece poco, es repartiendo mejor los recursos”.