Que se diga la verdad sobre la situación eléctrica exige a los entes gubernamentales el también presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV).
Desde el despacho parroquial de la Basílica de la Chiquinquirá conversó con PANORAMA sobre el país y la región.
—La CEV mencionó que en los últimos meses ha recrudecido la represión, ¿a qué se refieren con esto?
—El concepto de represión no es solamente caerle a golpes a una persona o grupo de personas, represión también es el desabastecimiento, el no tener alimentos, no tener energía eléctrica, el no tener servicios públicos acordes a la dignidad de las personas, el juego que existe con el precio de la gasolina; por eso decimos en el último comunicado que se ha generado una espiral de violencia, son elementos que violentan la tranquilidad del ciudadano, se les imposibilita el trabajo cotidiano para su desarrollo, esto lleva a que el ser humano se sienta profundamente golpeado en su dignidad. A lo mejor los poderosos viven tranquilos y viven en una burbuja, pero el que tiene que salir a ganarse la vida todos los días por sus hijos y su futuro ve cómo se le bloquean sus posibilidades.
—¿Qué lectura le da a los hechos ocurridos el 4 de agosto en la avenida Bolívar contra el Presidente?
—Eso entra en la espiral de violencia, en la intranquilidad que hay en todo orden, en las instituciones y en el pueblo. El pueblo venezolano ha recibido muchos golpes de parte de un sistema que no ha sabido comprender lo que es la vida de los venezolanos, han querido instaurar algo distinto a nuestra idiosincrasia, a nuestra manera de ser y convivir, y esto entra dentro de esa espiral de inquietud, que lo ha aprovechado, desgraciadamente, el Gobierno, ya llevamos no sé cuántos días hablando del tema y pareciera que no hay otro tema sino ese (…). Eso aquí parece un show, hablan día a día del tema y todas las instituciones del Estado se han prestado para eso, hasta los militares.
—¿Por qué la CEV no ha rechazado abiertamente el magnicidio?
—No sé quiénes lo han rechazado, es decir, cuántas instituciones lo han rechazado, cuántos países en el mundo lo han rechazado, ¿por qué tenemos que hacerlo nosotros?, lo que digo es que atiendan los que tienen que atender: los organismos de seguridad, la Fiscalía, resuelvan este problema, pero no hagan de eso el centro de la problemática venezolana.
—¿Y no lo rechazaron por qué?, ¿porque tienen dudas de si fue un magnicidio o no?
—Nosotros lo que rechazamos abiertamente fue la violencia venga de donde venga, porque a lo mejor esta vez les tocó a ellos, pero cuántas veces la violencia no ha tocado al pueblo venezolano. ¿Cuántos jóvenes murieron el año pasado?, 130. Ahorita no hubo ningún fallecido y llevamos más de 10 días hablando del tema, pero en 2017 hubo 130 jóvenes, 130 familias enlutadas, ¿ellos no cuentan?, ¿el Gobierno lo rechazó?, ni siquiera los culpables pagaron. Por qué tenemos nosotros que rechazar algo que todo el mundo vio por televisión. Nosotros sí rechazamos la violencia venga de donde venga.
—¿Ha sido contactado por el Gobierno para un nuevo intento de diálogo?
—No, hasta el momento no ha habido contacto. Nosotros hemos dicho que la casa de la Conferencia está abierta a todos, a las instituciones, al Gobierno, y ellos se han aislado, incluso hasta del pueblo se han aislado, tienen su propio grupo de pueblo.
—Si lo invitaran, ¿usted estaría dispuesto a ir?
—Dependiendo de las condiciones en las cuales se invita, porque si es solo para ir a escuchar sin oportunidad ni siquiera de pedir la palabra para decir algo, ¿qué razón tiene eso? Cuando se plantea un ámbito de diálogo es para ver qué puedo ceder y qué puedo aportar, ambas instituciones.
La Iglesia está dando respuestas con las ollas solidarias, dando de comer al hambriento, con jornadas médicas a niños, yo quisiera también ver al ámbito gubernamental hacer todas estas cosas.
—¿Cuáles serían los motivos que obligarían a ir a un diálogo?
—Nosotros lo que haríamos es acompañar y el punto focal es la vida del pueblo: alimentación, vivienda, salud, trabajo digno, dignificar cada día más a la persona. Y lo otro es que hay que poner las cosas en su lugar, aquí ha habido demasiada corrupción y el deterioro de los servicios públicos tiene que ver con esa corrupción (…).
—Hace casi un mes que tomó posesión de su cargo en el Zulia, ¿qué tiene que decir sobre la crisis eléctrica que afecta duramente a la región?
—El deterioro en el sistema eléctrico tiene que ver con la falta de mantenimiento, porque se han ocupado de la ideología, se han ocupado de lo político, pero no de los instrumentos que se dañan porque se tienen que dañar, que son los instrumentos que permiten llevar desarrollo a una ciudad, como los sistemas eléctricos o sistemas de agua.
Nosotros hemos estado hasta 18 y 20 horas sin luz, cómo nos desarrollamos, cómo trabajamos, y nadie explica, y cuando explican a veces tenemos que soltar la carcajada, porque son razones que no son razones, digan la verdad y punto, y el pueblo juzgará o no juzgará, pero la verdad hay que decirla.
Creo que hay una responsabilidad institucional ante el pueblo de decir la verdad de por qué estamos viviendo esto. Es muy lamentable, creo que el Zulia y Maracaibo han retrocedido (…).
—No solo es el problema eléctrico sino el transporte, la falta de efectivo, el contrabando, la basura, ¿ha pensado usted en acercarse al gobernador para conversar sobre esto?
—Cuando usted pone un sistema ideológico como centro y principio de todo y pone a un lado al ser humano y lo pone como medio para llegar a este sistema, vienen todos los problemas. La concepción cristiana es que el ser humano tiene que estar en el centro de toda la dinámica social, todo lo demás, sistemas políticos e ideológicos son medios que tienen que ayudar para que la dignidad de ese ser humano resplandezca porque es lo principal, no al revés.
Me preguntas sobre la relación con el Gobierno, el Gobierno se ha aislado, y cuando aparece lo hace como si nosotros tenemos que hacer lo que él nos dice, y la cosa es al revés porque ellos son empleados públicos.
—¿Es decir que no ha tenido comunicación con el gobernador?
—Ellos se disculparon cuando no pudieron estar en la toma de posesión, pero en este momento hay tantos conflictos que no hemos tenido la oportunidad de ningún acercamiento, ya llegará el momento, porque son instituciones, y en este caso la Iglesia zuliana es una institución de prestigio, ha aportado muchísimo al desarrollo humano y social de Maracaibo y del Zulia.
—¿Qué le han dicho los sacerdotes de la situación que viven en sus parroquias?
—Que cada vez hay más deterioro y muchas necesidades. El refugio que la mayoría tiene son sus parroquias. Y nosotros sufrimos lo que sufre el pueblo. Póngase a ver lo que sufre a nivel económico una parroquia, que tenían entradas por las colectas, que la gente piensa que es para el sacerdote y no es así. Las colectas son para el sostenimiento de la infraestructura y sostenimiento de los pobres, también para el pago digno de quienes trabajan en la comunidad parroquial. Si esa parroquia tiene anexa una escuela el gasto es mayor, bueno ese dinero hoy no tiene el valor que tenía antes. Tenemos menos capacidad de ayuda por la inflación. Pero seguimos trabajando, los programas siguen.
—¿Cómo hacen con las colectas ante la falta de efectivo?
—La gente ha sido muy generosa y consciente y muchos hacen transferencias. También se ha expresado la solidaridad de gente de afuera que nos aportan, algunas ONG’s fuera del país recogen alimentos, medicamentos, y los envían por distintos canales legales y llega a nuestras comunidades, especialmente a Cáritas.
—Según la ONU, 2,3 millones de venezolanos se han ido del país, ¿esa diáspora también ha tocado a la Iglesia?
—Nosotros hemos tenido que dar permiso a sacerdotes por cuestiones de salud. Hay comunidades religiosas, tanto femeninas como masculinas, personas que han venido de España, Italia, Colombia, y muchos otros países, y han entregado su vida a Venezuela, y actualmente han tenido que regresar a su país de origen para preservar su vida porque aquí no encuentran los medicamentos. Hemos perdido muchas religiosas y sacerdotes. Incluso, en nuestra diócesis hemos tenido que hacer convenios con otras diócesis de otros países para enviar sacerdotes que tenemos enfermos durante dos o tres años, con un plan de servicio, trabajo, incluso de estudios.
—¿Se han encontrado con casos de sacerdotes desnutridos o pasando hambre en este momento de crisis?
—Sí hemos encontrado, algunos sacerdotes que están metidos en algunas comunidades lejanas y los hemos tenido que llevar a los centros de salud y ponerles un régimen nutricional. Son sacerdotes que se entregan a las comunidades, conviven con ellas y pasan las mismas penurias.
—En septiembre los obispos venezolanos se reunirán con el Papa Francisco, ¿qué planteamientos le harán?
—El tema de la situación social y política el Papa la conoce muy bien, en la Secretaría de Estado está el cardenal (Pietro) Parolin que estuvo de nuncio cuatro años acá, ahora vamos a tener a su lado a un zuliano, monseñor Edgar Peña, que conoce también esta realidad. Ciertamente ahora va a tener más información el Papa. Nosotros lo que vamos es a compartir las alegrías y las angustias de nuestro pueblo. El planteamiento que le llevamos es sencillamente el hecho de poder nosotros como episcopado hacer un trabajo cada día más afianzado en la doctrina social de la Iglesia, en el evangelio de Jesucristo. (…). Y poder escuchar también del Papa su mensaje para el pueblo venezolano. Es un encuentro de mucha esperanza, hay quienes piensan que el Papa puede resolver los problemas de Venezuela, yo les diría que no. El Papa lo que hace es animar, acompañar y servir al pueblo desde las instancias que le corresponde.
—¿Cuáles son las tres líneas en las que centrará su episcopado?
—En primer lugar, la evangelización, que es la misión de la Iglesia, sino cumplimos eso dejaría de ser Iglesia. En segundo lugar, para evangelizar se necesitan personas que con sentido profético lleven la palabra de Dios, anuncien, denuncien, y esto lo hacen los sacerdotes; la misión del obispo es animar, cuidar, acompañar, estar cerca de los sacerdotes. En tercer lugar, acompañar al pueblo, tocando el dolor humano y compartiendo también sus alegrías y gozo. Nosotros somos del pueblo, hemos salido del pueblo y somos enviados al pueblo de Dios, esto nos compromete mucho más en tiempos difíciles como los que están viviendo los venezolanos y el pueblo de nuestra querida Arquidiócesis de Maracaibo.