En criollo, las criptomonedas son monedas virtuales que permiten transacciones como pagos de bienes y servicios en internet, como la del modelo Bitcoin.
Ahora Venezuela—anunció el presidente Nicolás Maduro—tendrá la suya propia y se llamará “Petro” para buscar financiamientos internacionales y enfrentar las sanciones económicas.
Ante la novedosa propuesta que aspira poner en marcha Miraflores, los venezolanos siguen preguntándose cómo funcionará este mecanismo en medio de la crisis infl acionaria. Lo que hasta ahora el Gobierno ha explicado es que estará respaldada por las reservas naturales, gas, petróleo, oro y diamantes.
En el mundo existen más de 800 criptomonedas y para Venezuela sería su primera incursión. Se han convertido en una nueva forma de comercio mundial, libre de las calificadoras de riesgo o bancos internacionales. Su auge le preocupa al Fondo Monetario Internacional (FMI); de hecho, hace menos de tres meses, su propia directora, Christine Lagarde, declaró o que las monedas como el Bitcoin y las tecnologías fintech podrían acabar con el sistema bancario.
“Son demasiado volátiles, arriesgadas, intensivas en energía y porque las tecnologías subyacentes todavía no son escalables. Muchas de ellas son opacas para los reguladores, y algunas han sido hackeadas”, sostuvo la funcionaria.
En el caso de Venezuela, los expertos aseguran que el Gobierno, con esta alternativa entre manos, deberá romper con varios cercos antes de ponerla en funcionamiento y uno es ganar “la confianza” de los mercados.
El economista y presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, explicó que las criptomonedas “están basadas en el internet de valor y respaldadas en la confianza que tienen los tenedores de que servirán como instrumento de intercambio”.
Dijo que “para que el Petro sea una opción real, el primer paso sería que el Gobierno venezolano recupere la confianza de los mercados internacionales y locales. Necesitaría entonces un cambio severo en su modelo económico. Y en ese caso no necesitaría cambiar la moneda”, advirtió.
Las monedas virtuales, que para el FMI podrían desplazar a los medios de pagos actuales, se anuncia como una fórmula del Gobierno para atraer nuevos inversores internacionales y encarar las sanciones de Estados Unidos contra Venezuela, que incluyen la prohibición de transacciones con títulos de deuda y acciones emitidos por el Gobierno y Pdvsa.
El economista Henkel García, director de Econométrica, expresó que “va a ser interesante saber cómo será el algoritmo de creación de esa criptomoneda” y expresó que “las monedas cumplirán con sus funciones de dinero (unidad contable, medio de intercambio y reserva de valor) a medida que las personas confíen en ellas”. Para el especialista financiero, también es clave la seguridad. Aseveró que “las transacciones pasan por la confianza en los gobiernos, en sus sistemas económicos. Venezuela carece de ambas. Las criptomonedas no escapan de esa dinámica”, analizó García.
La oposición, de su lado, rechazó la moneda Petro. El diputado de la Asamblea Nacional (AN) y economista José Guerra, aclaró que la creación de la nueva criptomoneda debe ser aprobada por el Parlamento.
En cualquier caso, señaló Guerra, la medida “ no resolverá los problemas en divisas, debido a que plantea un problema adicional, y es la falta de confianza de los aceptantes”, agregó.
Desde la Asamblea Nacional Constituyente, el economista Andrés Giusseppe comentó que “la criptomoneda es la tendencia de una nueva moneda virtual” resaltando el éxito del Bitcoin, la primera criptomoneda creada en 2009 y cuyo valor supera los 10 mil dólares ,cotizando las 24 horas de los siete días de la semana.
El economista e investigador de Cambridge, Garrick Hileman, cree que el petro es viable: “Si se arma adecuadamente, es algo que puede funcionar e incluso solucionar algunos de los problemas de Venezuela, como darle una moneda fiable”.
Para el investigador de Cambridge, el Estado debe priorizar la “honestidad y transparencia” para sacar adelante un proyecto como este. En su opinión, Venezuela debería designar un custodio independiente que garantice que, en caso de impago, estas materias primas lleguen a manos de los acreedores.