El semáforo está en rojo, pero Pedro Martínez está impaciente. La ansiedad le gana y cruza. Piensa con orgullo que hará una “maracuchada”. Mientras avanza, escucha como tres automóviles frenan a su alrededor. Por milímetros se salvó de un accidente. La luz acaba de cambiar a verde y él ahora siente que su vida pendió de una indicación.
Por la infracción de “tragarse” el semáforo, Martínez solo tendría una multa de 10 UT (Bs.3000). Esta tarifa tan baja es lo que a juicio de José Jiménez, supervisor agregado de la PNB y adscrito a Tránsito, colabora en que las personas no teman de incurrir en una falta de tránsito.
De hecho, según datos de la institución, los accidentes por desatender semáforos subieron más de un 100% de enero a febrero. Las autoridades en la materia también reconoce que influye que una cantidad significativas de estos equipos en la ciudad no funcionan.
La multa por esta trasgresión se equipara a la de manejar un vehículo sin licencia de conducir, realizar maniobras prohibidas, utilizar equipos de comunicación; incluso, exceso de velocidad.
Ana Marrufo, miembro del departamento de Educación Vial de la PNB, reveló que en algunas ocasiones el infractor llega a preferir una boleta antes que asistir a una charla de orientación para “no perder tiempo”. También criticó las multas tan ínfimas establecidas.
Aparte, la educación vial figura como una asignación pendiente en la ciudad, reconocen las autoridades en la materia. Los malos hábitos de tránsito se imponen cada vez más y colocan en riesgo a la colectividad, ya que datos de la PNB-Tránsito apuntan que este año han ocurrido más de 200 accidentes solo entre enero y febrero.
“En algunos casos la persona me dice: ‘me vas a hacer una boleta por no usar cinturón, ese es problema mío sino lo uso’. Eso está mal, porque el conductor coloca en peligro su vida y la de los pasajeros”, expone Marrufo.
José Jiménez, supervisor, señaló, además, que las infracciones más comunes de los marabinos son desatender las señales de tránsito y hacer giros en U en lugares indebidos.
Indicó que entre otras faltas comunes se encuentran el uso del teléfono mientras se maneja o no utilizar el cinturón de seguridad.
“Una vez que alguien enciende su automóvil es responsable de su vida y la de los demás que están con él, por eso inmediatamente deberían usar el cinturón. Pero no ocurre así y cuando se les va a colocar una multa por esto, la persona reclama, pero no se da cuenta del riesgo que corre”, explicó.
El funcionario enfatizó que los peatones también deben respetar las señales de tránsito y caminar por las aceras.
Entretanto, Héctor Otalora, subdirector de Polimaracaibo, rechazó que en la capital zuliana se tuviese poca consideración por los puestos de estacionamiento para las personas con discapacidad y por los pasos peatonales.
“Si estás manejando un vehículo, quiere decir que presentaste una prueba y sabes qué señales hay que respetar. El problema no es de desconocimiento, sino de conciencia”, resaltó, al tiempo que subrayó que están impartiendo talleres de educación vial en las comunidades e instituciones, tarea que también emprendió el equipo de Educación Vial de la PNB.
La cultura de tránsito en el país en general no es elevada, según describió en 2016 el Observatorio de Seguridad Vial en los resultados de su I Encuesta Nacional de hábitos y actitudes de Seguridad Vial en Venezuela 2015.
Entre las costumbres más frecuentes reflejó el exceso de velocidad por parte de motorizados y conductores particulares, así como el uso del celular y cambio constante de canal.
Para el sociólogo y profesor universitario, Isaías Lescher, esto se debe en parte a que la educación en Venezuela está más orientada a formar en una profesión que en la enseñanza de valores y estilos de conductas. Aparte se refirió al papel de las instituciones de tránsito.
“Aquí hay una responsabilidad de esas instituciones que le dan más importancia a la parte administrativa que a los conocimientos del conductor”, opinó. A esto se le suma la falta de control en los principales puntos de las vías.
“En Estados Unidos y Canadá son muy rigurosos al momento de evaluar para una licencia. Consideran aspectos como el manejo del vehículo, el respeto a las normas y a la legislación”, agregó.
El historiador Julio Portillo expuso la importancia de una planificación urbana en Maracaibo para mantener un orden y facilitar el tránsito. “Aquí los semáforos no están sincronizados y no se respetan las paradas de transporte”, fustigó.
Tanto Lesher como Portillo proponen fomentar la educación en valores, retomar el rol pedagógico de las instituciones viales y escuelas de manejo, otorgar permisos a personas certificadas y mejorar la planificación urbana.