A partir de este lunes 24 de julio, el chavismo y la oposición entran en cuenta regresiva. Los primeros, con la Constituyente entre ceja y ceja; los otros, “jugándose a Rosalinda” frente a una iniciativa que parece el sombrero del mago del cual puede salir cualquier cosa.
Con el teatro de operaciones políticas como la lista de peloteros lesionados de día a día, cada 24 horas oposición y Gobierno se juegan una carta.
La de la oposición esta semana se resuelve en una palabra: calle. Aferrados al discurso de que la presión popular logrará el objetivo supremo: el cambio de Gobierno; las palabras diálogo, negociación, entendimiento son una herejía para los simpatizantes opositores, aunque puertas adentro la mayoría de sus dirigentes no piensan igual.
En esta vía, ya la MUD trazó la línea: paro “cívico” de 48 horas (miércoles y jueves), toma de Venezuela el viernes, presión de calle y un llamado a aprovisionamiento a la gente, como si el 30-J no fuera un punto de llegada, sino una bisagra.
A la limón, decía la noche del sábado el dirigente político (moderado) Simón Calzadilla: “Le diremos a los muchachos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana que deben ponerse del lado del pueblo y las leyes. Estamos convencidos de que ellos no quieren esa ANC”.
Ante lo que interviene Luis Vicente León, presidente de Datanalisis: El reto de la oposición es masificar la protesta y “fracturar al adversario” para “presionar una negociación que lleve a una oportunidad pacífica de cambio”.
En esa estrategia, tratando de roer más a la cúpula del Gobierno, la oposición venezolana descartó una “cacería de brujas” contra el chavismo si logra desplazarlo del poder. “No viene una persecución ni cacería de brujas, pero tampoco se puede plantear que los violadores de derechos humanos van a estar libres”, señaló Freddy Guevara, vicepresidente del Parlamento.
Mientras, el Gobierno no da señales de que la Asamblea Constituyente tenga vuelta de página. Los militares ya tienen el control de los colegios electorales y del Alto Mando Militar no llegan sino señales de apoyo a la iniciativa. En este contexto las promesas de la paz y la recuperación del crecimiento económico lucen como una suerte de quimera para la Asamblea Nacional Constituyente.
“Con la ANC el Gobierno está creando falsas expectativas que no podrá cumplir. Ante la creciente tensión política y las incesantes protestas populares, resulta poco probable que fluyan hacia Venezuela las inversiones extranjeras que el Gobierno necesita para continuar los proyectos de la Faja Petrolífera del Orinoco y acometer a gran escala la explotación del Arco Minero del Orinoco”, estima el economista Víctor Álvarez, en un intento por aterrizar a la Constituyente.
Ni qué decir del esfuerzo que tendrá que hacer el Gobierno para movilizar a, por lo menos, el 30% del padrón electoral para barnizar de legitimidad la elección del domingo, que esta vez no será un simulacro con un puñado de máquinas en pocos centros electorales.
La crisis política criolla no pasa inadvertida en la comunidad internacional, especialmente en la región que plantea la suspensión de la ANC como un paso definitivo para desactivar esta suerte de “olla a presión” en que se ha convertido el país. No obstante, la postura de Washington, que amenaza con sanciones “robustas” hacia Venezuela, parece hacerle un flaco favor a cualquier intento de gestiones internacionales que no pasen por el Vaticano. Geoff Thale, del grupo de análisis Wola (Washington Office on Latin América), dijo a la AFP que es “muy escéptico de que las sanciones unilaterales de Estados Unidos sean eficaces. Es más probable que hagan sentir al chavismo que no tiene otra opción que resistir, y ofrecen al Gobierno un grito nacionalista contra Estados Unidos”.
A la expectativa de un choque político sin precedentes en este país, que por estas horas luce inevitable, la gente atraviesa un auténtico desierto económico con penurias para el acceso de alimentos, una inflación demoledora y un largo etcétera de problemas que incluyen la inseguridad y el espiral de violencia con ya suma más de un centenar de muertos, los venezolanos están a siete días de un evento ante el que contendrá el aliento.