Caracas

Washington impulsa una nueva fase de transición política en Venezuela

Estados Unidos está marcando los pasos de una eventual transición política en Venezuela y, al mismo tiempo, definiendo quiénes serán sus interlocutores.…

A vibrant street protest in Venezuela, showcasing joyous participants holding a political figure's portrait amid flags and smiles.

Estados Unidos está marcando los pasos de una eventual transición política en Venezuela y, al mismo tiempo, definiendo quiénes serán sus interlocutores. La llegada de Dinorah Figuera a Caracas, tras ocho años en el exilio, reactivó a la Asamblea Nacional elegida en 2015 como pieza central de una nueva instancia de diálogo que deberá mostrar resultados concretos antes de finales de 2026, entre ellos la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral.

Figuera regresa con un mandato institucional

Figuera volvió al país este jueves con el encargo de encabezar la instancia que, pese a haber sido vaciada por el chavismo, fue relegitimada por Washington para conducir el proceso que se abre. La dirigente ha insistido en que su papel es institucional y no político, y que la designación de un nuevo árbitro electoral no puede quedar en manos de “puros políticos”.

“Esto puede alargarse o concretarse; son objetivos que no son estáticos”, dijo. También aseguró que buscarán a “los mejores” para esa tarea.

Tensión con la conducción opositora

La exdiputada emergió como negociadora poco después de que María Corina Machado dijera en un encuentro en Panamá que estaba dispuesta a liderar ese proceso. Hasta ahora, ni Machado ni los partidos que la respaldan han fijado públicamente posición sobre lo que ya está ocurriendo, mientras continúan las reuniones internas para evitar una nueva fractura opositora.

Figuera señaló que sostuvo conversaciones hasta la madrugada con miembros de la coalición opositora después de reunirse con Jorge Rodríguez y con el encargado de negocios estadounidense, John Barret. “Estaremos trabajando para todas las candidaturas”, expresó al llegar a Caracas.

En una entrevista con el periodista Luis Olavarrieta, agregó: “María Corina es una líder y es la líder del proceso. Fue elegida en unas primarias. Tenemos diferencias, tuvimos una conversación y, por supuesto, ella tiene una visión completamente diferente a la mía. María Corina es la líder, pero aquí estamos hablando de institucionalidad y yo soy la presidenta de la Asamblea Nacional”.

Figuera también respondió a quienes la acusan de haber pactado con el chavismo. “Yo también he sido perseguida. A mí no me van a tildar de alacrán”, afirmó, en referencia al término usado en Venezuela para describir a opositores que llegan a acuerdos con el Gobierno.

Críticas y dudas dentro de la oposición

En distintos sectores opositores se interpreta el movimiento como un golpe de Washington a Machado. Esa lectura se ha reforzado al recordar la invitación que recibió Enrique Márquez por parte de Trump al discurso del estado de la Unión en febrero pasado.

Un exdiputado de la Asamblea Nacional de 2015 sostuvo que Estados Unidos escoge a quién le corresponde negociar con Jorge Rodríguez y con el Gobierno, lo que abre un nuevo problema de legitimidad. A su juicio, esa Asamblea no responde ya a la realidad política actual y, si es convocada para legitimar acuerdos, podría no reunir quórum.

El chavismo observa el reacomodo

No está claro si la jugada también respondió a un cálculo del chavismo para debilitar el liderazgo de Machado ante Washington y ante los venezolanos. Aunque la cúpula oficialista no parece oponerse a la llegada de Figuera, algunos de sus voceros más duros afirmaron que la opositora regresó amparada en la ley de amnistía y que esta situación implicaría el fin de la Asamblea Nacional de 2015.

Esa tesis, sin embargo, pierde fuerza ante el papel asignado a la presidenta de esa instancia para encaminar una transición mediante la reinstitucionalización de los poderes.

Una Asamblea reactivada por Washington

Trump sacó a la Asamblea de 2015 de la hibernación y la colocó frente al Gobierno encargado de los Rodríguez. El escenario revive el desafío que Juan Guaidó lanzó en 2019, cuando intentó convertir al Parlamento opositor en la única instancia con legitimidad, una apuesta que provocó una persecución intensa contra sus miembros.

Con Guaidó en el exilio y sin haber alcanzado sus objetivos, lo que queda de esa instancia sigue siendo una traba para la disposición de activos venezolanos en el exterior, en especial en lo relacionado con la deuda externa del país. Para esa gestión, Trump ya designó asesores de su entorno.

Presión sobre la agenda institucional

El nuevo cuadro altera la normalidad que venía tomando forma desde la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero. Mientras el Gobierno encargado hablaba de inversiones, aprobaba leyes para impulsar la producción petrolera y minera, y se reunía con empresarios y funcionarios estadounidenses, quedaban rezagados asuntos como los presos políticos, la reforma judicial y el cambio de fiscal, que se resolvió con un simple relevo de funcionarios.

Las elecciones no figuraban en el discurso oficialista, aunque en menos de un mes se cumplen los 180 días que marca la Constitución para el funcionamiento de un gobierno encargado, plazo tras el cual debería elegirse un nuevo presidente.

La llegada de Figuera abrió una vía hacia la transición democrática que reclaman diversos sectores, aunque el ala más dura del chavismo mantiene sus reservas. “No hay transición. Se sabrá si la hay después de las elecciones”, dijo un diputado oficialista. Por su parte, la activista Indira Urbaneja afirmó en sus redes que no existe una negociación en marcha, sino una agenda de acuerdos que no contempla elecciones. “El manifiesto de Panamá lo extinguió el Departamento de Estado. Usted no VA”, escribió en alusión a Machado.

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