Política

La oclocracia como clave para entender la política venezolana

La oclocracia, entendida como el gobierno de la muchedumbre o la turba, aparece aquí como una clave para interpretar la crisis política venezolana y la…

La oclocracia, entendida como el gobierno de la muchedumbre o la turba, aparece aquí como una clave para interpretar la crisis política venezolana y la degradación institucional que, desde esta mirada, se profundizó tras la muerte de Hugo Chávez.

Chávez, carisma y populismo

La figura de Chávez es descrita como la de un liderazgo marcado por un fuerte carisma, rasgos autoritarios y un populismo desbordado, factores que dificultaron que fuera encasillado como dictador. También se le atribuye haber sostenido su proyecto político mediante un reparto amplio de recursos, junto con prácticas de consumo y gasto que reforzaron su influencia durante años.

La referencia a la oclocracia

En esa línea, se retoma la idea de Eduardo Fernández, quien ha definido la oclocracia como el gobierno de la muchedumbre y ha señalado que el país ha atravesado un modelo que debilita la institucionalidad por medio de la demagogia y la confrontación. La noción se ubica, además, dentro de las formas de gobierno que la tradición política griega consideró negativas, junto con la tiranía y la oligarquía.

La reflexión también asocia el deterioro político con la polémica alrededor de la muerte de Chávez y con la ausencia del acta de defunción. Según ese planteamiento, la noticia de su fallecimiento habría circulado como pólvora a finales de 2012, mientras que la versión oficial la fijó para el 5 de marzo de 2013, cuando se anunció el funeral de Estado en la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela.

Lealtades y acceso al poder

Otro de los señalamientos apunta a que, con Nicolás Maduro en el poder, el acceso a la alta burocracia socialista dejó de apoyarse en exigencias formales como el currículum vitae y otros documentos básicos. En su lugar, se habría privilegiado la filiación y las simpatías políticas o guerrilleras, ya fueran cubanas, colombianas o venezolanas, e incluso vínculos con Isis o Hezbolá.

En ese marco se menciona el caso de Alex Saab como ejemplo de nexos con redes de corrupción internacional. La conclusión que deja la reflexión es una pregunta abierta sobre el rumbo del poder en Miraflores y sobre si Venezuela ha pasado de una forma revanchista y desordenada de oclocracia a una versión más presumida y de apariencia distinguida.

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