Si en oportunidades haz sentido que la comunicación con tu hijo no es tan fluida cómo quisieras y sientes dudas de la confianza que pueda tenerte para contarte sus dudas, problemas o necesidades es importante que aprendas a observar a tu pequeño. Escuchar atentamente es el primer paso que te permitirá conocer qué preocupa al niño y cuál es su estado emocional.
“El amor y la aceptación del otro integrante de la familia siempre invita a la apertura sin cuestionamiento ni sanciones, nos permite la verdadera escucha del mensaje de la necesidad”, destacó la psicóloga Joanna Pirela.
La especialista destaca que “la comunicación nos permite llevar al otro nuestros sentimientos, ideas, intereses y necesidades”.
Enfatizó la experta que “base importante de una buena comunicación es ser empáticos, esto es lo hermoso y grandioso de entender al otro, ponerse en los zapatos del hijo es clave. Esto es dimensionar al otro dentro de nosotros mismos, así no podemos hacer daño a nadie”.
Te presentamos seis acciones que te permitirán mejorar la comunicación con tu hijo:
1 Observa el tipo de comunicación que llevas a cabo con tu hijo. Dedica unos días de observación libre de juicios y culpabilidades. Es un ejercicio sano pero, a veces, de conclusiones difíciles de aceptar cuando la dura realidad de actuación supera todas las previsiones ideales.
2 Escuchar activa y reflexivamente cada una de las intervenciones de tus hijos. Valorar hasta qué punto merece prioridad frente a la tarea que estés realizando; en cualquier caso, la respuesta ha de ser lo suficientemente correcta para no menospreciar su necesidad de comunicación.
3 Si no puedes prestar la atención necesaria en ese momento, razonar con él un aplazamiento del acto comunicativo para más tarde. Podes decir simplemente: “dame 10 minutos y enseguida estoy contigo“. Recuerda después agradecer su paciencia y su capacidad de espera.
4 Evitar emplear el mismo tipo de respuestas de forma sistemática para que el niño no piense que siempre eres autoritario, le haces sentir culpable, le quitas importancia a las cosas o le das sermones.
5 Deja las culpabilidades a un lado. Si hasta hoy no has sido un modelo de comunicador, piensa que puedes mejorar y adaptarte a una nueva forma de comunicación que revertirá en bien de la familia suavizando o incluso extinguiendo muchos de los conflictos habituales con los hijos.
6 Cuando decidas cambiar o mejorar hacia una comunicación más abierta, es aconsejable establecer un tiempo de prueba, como una semana o un fin de semana, te permitirá valorar si funciona o no y si debes modificar algo más. Los padres tienen los hábitos de conducta muy arraigados y cambiarlos requiere esfuerzo, dedicación y, sobre todo, paciencia.
