Los bebés y los niños pequeños son sensibles a los efectos del calor y rápidamente pueden estresarse por las altas temperaturas.
Se hace necesario que los padres los resguarden y presten sumo cuidado a los pequeños para evitar que insolación o deshidratación.
Los bebés y los niños deben mantenerse fuera del sol tanto como sea posible. Es recomendable aplicar un alto factor de protección solar que debe aplicarse de forma regular, sobre todo si el bebé está dentro y fuera del mar o piscina infantil.
Cubrid el cuerpo, los brazos y las piernas del bebé con ropa, y aseguraros de que lleve un sombrero de ala ancha o una larga aleta en la parte posterior, para protegerle la cabeza y el cuello.
La alimentación y la bebida
Los bebés y los niños pequeños no son capaces de decir que tienen sed, por lo que es importante asegurarse de que están recibiendo suficiente líquido.
Es ideal dar agua a los niños de forma regular a lo largo del día. Evitar las bebidas azucaradas o gaseosas.
Una idea refrescante para los niños pequeños es congelar trozos de fruta (naranja, sandía) para que puedan chupar.
Cómo mantenerlos frescos
Es importante vestirlos con ropa ligera que les quede suelta. Preferiblemente utilizad tejidos de algodón y evitad los sintéticos que retienen el calor y los pueden hacer sentir incómodos. Regularmente se les puede pasar una esponja con agua tibia, o probar un baño. Es conveniente no utilizar agua fresca o fría.
Salir a la calle o viajar en coche
Evita tener en el área externa a los niños durante los períodos de calor extremo. Si hay que salir a la calle, protege su piel del sol, manteniéndolo a la sombra o cubrirlo con ropa suelta y un sombrero.
Recuerda la utilización del protector solar en aquellas zonas que no están cubiertas con ropa.
Evitad viajar cuando el coche está muy caliente. Asegúrate que el niño no reciba el sol directamente a los ojos cuando viajas en un coche, ya que esto podría causarle un sobrecalentamiento.