Un abrazo es una manifestación de amor sencilla y poderosa. Un hecho tan aparentemente simple, nos hace sentirnos queridos, protegidos, comprendidos y reconfortados. En el caso particular de los niños, los abrazos suelen tener mayores efectos, puesto que esta muestra de cariño les aporta grandes beneficios físicos e intelectuales pero sobre todo emocionales, principalmente cuando estos se reciben de manos de sus progenitores.
El abrazo es el comienzo de la parte afectiva. Así lo dio a conocer la Psicopedagoga y Coach Ontológico, Morela Molina de Nucette, a PITOQUITO, al tiempo que hacía un especial énfasis en la necesidad que poseen los pequeños de ser abrazados por sus padres. “El contacto físico es sumamente importante. Con él el niño siente tu calor, tu frío. Es un claro «necesito que estés aquí’”, afirmó.
La especialista, destaca además que el hecho de abrazar, debe ser un acto recíproco y voluntario; ya que es normal que los niños no se limiten ante el deseo de brindar cariño a sus padres. Sin embargo, son pocos los adultos que tienen el instinto de acoger entre sus brazos a sus pequeños inesperadamente. “Estamos en una cultura donde el hombre no se reconcilia con la afectividad. Se le ha inculcado erróneamente el no dar amor”, comentó.
Así mismo, la Psicopedagoga indica que el abrazo es el medio promotor de la comunicación y el diálogo puesto que “un abrazo representa seguridad, confianza y sobre todo amor. Al recibirlo yo puedo decir no estoy solo”.
En PITOQUITO queremos estimular la afectividad en las familias, por eso te invitamos a que abraces a tus hijos diariamente. Te dejamos una lista de los principales beneficios que esto ofrece:
– Los abrazos generan una sensación de protección y seguridad en los niños.
– Estimulan la autoestima, ya que transmiten afecto y apoyo.
– Crean niños más felices: los abrazos activan las endorfinas, responsables de aumentar la sensación de alegría y plenitud y disminuir la de ansiedad o tristeza.
– Aportan calma: los niños sienten más tranquilidad y quietud cuando sus padres les toman entre sus brazos.
– Fortalecen el vínculo: mejora la unión entre padres e hijos y fomenta el apego en la familia.
– Reducen el estrés: el contacto físico reduce la producción de una hormona, cortisol, que favorece el estrés, y aumenta las hormonas encargadas de producir sensaciones de bienestar.
– Mejoran el estado de ánimo: si el niño se siente triste o decaído, un buen abrazo le aportará apoyo, comprensión y le reconfortará.