Hay que tener cuidado con lo que se dice a un niño, porque ellos se convertirán en lo que se dice que son. Si quieres que tu hijo sea brillante deberás decirle que lo es, en cambio si quieres que no se comporte de mala manera, pero le dices: “eres un niño malo”, ¿qué crees que puede estar entendiendo?
Las etiquetas no surgen siempre pero cuando se etiquetan en función del comportamiento de los niños o de los comentarios de los demás, ellos pueden pensar que son así realmente.
La psicopedagoga Idelmary Morales destaca que uno de los peores efectos al momento de comparar y etiquetar a un niños es hacerlos inseguros.
Los adultos deben tener mucho cuidado con las etiquetas que dicen a los niños porque pueden condicionarles su carácter y personalidad y que ellos mismos se sientan incapaces en algo sólo por lo que los demás le han hecho creer que son.
“Niños que se acostumbraran a reaccionar ante estímulos o características que definen la comparación si son comparados con personas perezosas actuaran como tal”, precisó Morales.
La especialista destaca tres aspectos negativos de
las etiquetas y comparaciones:
Las etiquetas pueden llegar a condicionar el carácter y la personalidad de los niños.
La etiquetas no ayudan a resolver el problema lo pueden es agudizar.
Comparar y etiquetar a los niños es la manera más cruel de discriminarlos.
Las etiquetas son muy poderosas y los niños responden a las expectativas que los adultos depositan en ellos. Si los adultos esperan que lo hagan bien y se confía en ellos, lo hacen. Si no se confía en los niños y no esperan realmente que lo hagan bien, no lo hacen. Es necesario que los adultos sean cautelosos con el uso de las etiquetas, hay que usarlas con moderación, conocimiento.