La infancia se caracteriza por ser una etapa, donde la mayoría de los niños siempre están activos, lo cual se considera evolutivamente normal. Sin embargo. Hoy en día, muchos niños presentan dificultades de comportamiento producto de su exceso de actividad motora e impaciencia. Cuando estos síntomas se presentan, generan problemas de adaptación en la casa o en la escuela, en el niño que lo padece.
Este trastorno se diagnostica a partir de los 6 años de edad, sin embargo muchos síntomas pueden estar presentes a edades más tempranas. Presentándose como mínimo en 2 ambientes. De forma recurrente y por un periodo prolongado de tiempo.
Los niños que presentan este patrón de comportamiento reflejan síntomas que la psicólogo clínico infantil, Yugle Rivas te enseña:
Dificultad esperando su turno.
No soportan las esperas.
Son precipitados, al momento de hacer las actividades.
Hablan en exceso.
Por su impulsividad no previenen el peligro, como por ejemplo salir corriendo y atravesarse en la calle sin mirar a los lados.
Les cuesta permanecer sentados.
Se les dificulta mantener la atención.
Dejan tareas y actividades incompletas, rechazan tareas académicas dejan los deberes incompletos.
Tres son los subtipos que se pueden presentar ante un niño con impaciencia, el desatento, el predominantemente hiperactivo/ impulsivo y el combinado. El reconocimiento y posterior diagnostico de intervención, pueden favorecer y edificar en la vida del individuo que lo padece. Muchos niños por desconocimiento de este cuadro, tienden a ser etiquetados de poco inteligentes, flojos, falta de voluntad, malcriados o faltas de carácter de sus cuidadores, esto produce que se genere en los padres sentimientos de frustración por pensar que no tienen el control de sus hijos.
“Tener TDAH (trastorno del neuro-desarrollo que afecta las áreas de funcionamiento de un niño) y ser un niño impaciente no es ni bueno ni malo, es solo tener un cerebro que funciona diferente, por tal motivo una sociedad, padres, y docentes que conozcan de su existencia, pueden servir de instrumento para influenciar en el desarrollo y bienestar socio emocional de muchos niños que presentan estos comportamientos”. Explicó la especialista y coach infanto-juvenil.