El ejemplo es uno de los mejores instrumentos con que cuentan los padres para ejercer la tarea profunda y compleja de educar. La ejemplaridad de las acciones tiene gran impacto en el niño, especialmente en la forma de organizar la realidad y en el acercamiento a los otros y a cuanto lo rodea. La seguridad o temor, el optimismo o pesimismo, las actitudes y valores, el modo de relacionarse, el tono vital, etc., dependen en buena parte de lo que durante la infancia se haya observado e imitado.
La familia brinda desde el nacimiento los estímulos que satisfacen las necesidades emocionales, al tiempo que se garantiza el desarrollo psíquico y físico de los pequeños. En la familia se adquieren el lenguaje, la afectividad, la identidad personal, las primeras destrezas musculares, así como el estilo de convivencia básico.
“Al convertirnos en padres automáticamente somos ejemplo, nos guste o no, para lo bueno y para lo malo… a medida que nuestros hijos crecen, sus miradas estarán más en lo que hacemos que en lo que predicamos, por eso es importante ser la persona que nos gustaría que ellos fueran en el futuro”, precisó la psicóloga.
