La fiebre es una causa frecuente de angustia en los padres, y lo primero que se debe hacer es mantener la calma, destaca la pediatra Alejandra Álvarez Franco (@pediatraintegral)
“La fiebre se produce por la invasión de un microorganismo al cuerpo, y el sistema inmunológico lo detecta y aumenta la temperatura para activar ciertos mecanismos que facilitarán la inactivación del invasor, lo que la convierte en un mecanismo de defensa y de alerta”.
Explica la especialista que no todos los niños con fiebre convulsionan, la mayoría de las veces hay un antecedente genético o de sufrimiento fetal agudo que haga más propenso a un niño a desarrollar convulsión febril, además es una entidad descrita entre los 6 meses y los 6 años de edad. Un niño puede convulsionar con 38 o con 40 grados.
La fiebre es temperatura igual o mayor a 38,5 grados centígrados; entre 38 y 38,5 es febrícula o fogaje, excepto en pacientes inmunosuprimidos con cáncer infantil, con tratamiento inmunosupresor o con desnutrición que se considera fiebre es a partir de 38 grados.
Los termómetros digitales, de chupón o cintas no son confiables, siempre debes tener a la mano un termómetro de mercurio oral o rectal.
La temperatura fidedigna es la rectal y la del oído. Si tomas temperatura oral, debes restar 0,5 grados; y si es axilar debes sumarle 0,5 grados.
A un niño con fiebre se le debe ofrecer líquidos y/o lactancia materna para reponer pérdidas insensibles por la fiebre y evitar así que se deshidrate es el primer paso.
El fármaco más seguro es acetaminofen o paracetamol mientras es evaluado por su pediatra.
Los medios físicos tipo pañitos o baño con agua templada son medidas polémicas ya que se salen de los lineamientos de crianza respetuosa.