Temer a los extraños, a separarse de sus padres, a la oscuridad, al colegio… son miedos evolutivos. Son temores comunes a casi todos los niños propios de una etapa evolutiva concreta. Están asociados a las distintas fases del desarrollo y v
Temer a los extraños, a separarse de sus padres, a la oscuridad, al colegio… son miedos evolutivos. Son temores comunes a casi todos los niños propios de una etapa evolutiva concreta. Están asociados a las distintas fases del desarrollo y van variando a medida que evolucionan las características cognitivas, sociales o emocionales de los niños.
“Dentro de los miedos infantiles más comunes están, el miedo a la oscuridad, el quedarse solos sin que nadie los pueda ayudar, miedo a ciertos animales como perros bravos, cucarachas, arañas; algunos de estos miedos están relacionados con el pensamiento fantasioso que muchos todavía elaboran y en donde les cuesta deslindar la realidad de la fantasía de sus mentes, de allí la ocurrencia sobre todo en los miedos a la oscuridad donde el niño piensa que ve sombras extrañas o personajes que pasan por su cuarto”, destacó a PITOQUITO la psicóloga Helymar Márquez.
Muchos de estos miedos se ven inducidos por el ambiente externo y otros están fundados en experiencias negativas en casa o fuera de ella. Estos últimos pueden servir a los padres como alarma para identificar situaciones de maltrato o abuso a su hijo.
Cuando un miedo aparece, destaca la especialista “lo importante es ir llevando al niño al concepto de que los miedo muchas veces se producen en la cabeza y muchos no son reales por lo que al alumbrar con una linterna verán que nada ocurre afuera, es importante ayudarlos a ir enfrentado poco a poco esos miedos recordando que para ellos son significativos para que vayan ganado confianza en sí mismo”.
¿Cómo ayudar al niño a superar el miedo?
· Primero, identificar lo que produce miedo.
· Hablar sobre las cosas que le causan temor, que se sienta escuchado.
· Ser comprensivos. Procurar que no se sienta avergonzado ni regañado.
· Transmitirle seguridad y confianza, siempre con un tono relajado.
· Alentarle a que se enfrente a sus temores de forma gradual, aunque al principio sea con nuestra ayuda, sin forzarlos y elogiando sus conductas valerosas.
· Fomentar su autoestima y autonomía.
· Enseñarle maneras de contrarrestar la ansiedad: escuchar música, relajarse, o actividades que le mantengan ocupado (contar fichas, enumerar comidas favoritas).
· Concederle algún poder sobre la situación (encender una pequeña luz, tener una pequeña mascota).
· Predicar con el ejemplo, de forma que tenga en nosotros un modelo adecuado de superación.
· Ofrecer al niño una visión positiva del mundo. Hay que enseñarle a no preocuparse excesivamente por las cosas y a encontrar soluciones a los problemas que le surjan.
· Mucho humor. Un buen antídoto contra el miedo es transformar aspectos aterradores en características graciosas mediante dibujos y bromas.