Como cada mañana, antes de salir de su casa para ir a la escuela, José pasaba a saludar a su abuelo, que vivía en casa de su tía Cecilia. El anciano lo esperaba todos los días en la puerta y se sentía muy contento cuando lo veía venir corriendo al final de la calle.
Un día, el abuelo lo esperó como siempre, pero José no apareció. Pasaron varios días y el abuelo se sentía triste al no tener noticias de su nieto. Así que una mañana, cogió muy decidido su bastón y comenzó a caminar hacia la casa de José, pero al llegar ahí se encontró que estaba vacía, sus ojos se llenaron de lágrimas y con una gran tristeza volvió a su hogar.
Pero más tarde, una gran sorpresa se llevó al ver que José estaba sentado con su tía Cecilia en el living, él lo abrazo con todas sus fuerzas y le dijo:
