En el momento que traemos un hijo al mundo debemos de tener esta palabra clara (limites) aunque muchas veces la obviamos, en un momento la vamos a necesitar, en el inicio de la crianza de los hijos se deben de establecerse normas y aunadas a estas, límites para la aceptación de las cosas. No cambiar la educación a la mitad de su crecimiento, esto sería mucho más traumático.
En ocasiones llegamos acceder a sus peticiones, deseos por pena, y por miedo a lastimarlos o por evitar un espectáculo en público. Es cierto que nos duele más a nosotros como padres verlos en un episodio de malcriadez, porque al fin y al cabo es nuestro hijo, pero es necesario aprender a decir que NO a tiempo.
No se le debe de dar todo, hay que dejarlos ser ellos mismo, muchas veces pretendemos leer sus pensamientos y acudir a ellos sin esperar su llamado y que nos soliciten ayuda, es necesario que puedan experimentar sentimientos como la rabia, la frustración, la pérdida, el fracaso, entre otros, De lo contrario, podrías estar malcriando a un niño consentido que lo ha tenido todo siempre y cuando por alguna circunstancia no se pueda dar lo que el niño quere… ¿qué hacemos?
“Educar es generar una relación libre e independiente entre padres e hijos; consentir es generar una codependencia entre padres e hijos en la que ambos se bloquean en sus posibilidades de desarrollo. Ojo, esto no significa que no demos amor, por el contrario la cercanía, los besos, abrazos y caricias son necesarias para que un niño tengo un buen autoestima”, dijo la psicopedagoga Jaimar Chacin a PITOQUITO.
“Cuando educamos logramos conseguir seres autónomos e independientes, con gran creatividad, seguridad en sí mismo, cuando se consiente encontramos niños inseguros, fácil de manipular, con constante necesidad de aprobación”, precisó Chacin