El respeto y el amor son bases en la convivencia de las familias, tanto padres con hijos como las parejas, pero ahora bien, ¿cómo enfrentar las conductas difíciles de los niños?
Familias se debaten entre sí o no castigar, quitando horas de juego, gustos, encierros, rincones de aburrimiento o apuntando a la nalgada.
Sobre el tema, la psicóloga Adriana Wettel precisa que:
“el uso de los castigos poco contribuye a que el niño pueda aprender a regular su comportamiento y si bien parecen tener un efecto inmediato; a largo plazo, como los hacemos en piloto automático, tienden a generar otro tipo de reacciones en los niños. Cuando hablo en piloto automático me refiero a que nos centramos en la emoción del momento (que siempre es enojo) sin considerar lo que realmente queremos que los niños aprendan de esa situación (entiéndase «mala conducta»).
Detalla la experta que el tema es un poco difícil, “¿Quién no ha usado los castigos? -«¡Te vas a tu cuarto sin TV!»
-«¡Estarás una semana sin PlayStation!»
-«¡Te quedas en el rincón X minutos!»
Esto es un proceso de aprendizaje de generación en generación.
Wettel destaca un planteamiento realizado por Jane Nilsen quien plantea las 4 R del castigo:
Revancha: «ya van a ver», «ellos ganan ahora, pero después me toca a mí»
Resentimiento: «esto es injusto», «nunca me escuchan».
Retraimiento: «la próxima vez lo haré sin que se den cuenta», «soy una mala persona»
Rebeldía: «ahora haré lo contrario» «no voy a hacerlo a su modo, sino al mío».
“Uno de los principios de la Disciplina Positiva plantea que para que se de un cambio de conducta debe establecerse «conexión antes que corrección», es decir, buscar comprender lo que ocurrió, llamar al niño a la reflexión y que él pueda desarrollar un criterio propio sobre lo ocurrido. Los castigos no generan estas reacciones sino todo lo contrario, entonces no hay un aprendizaje significativo, sino solo la emoción del momento”.
Y entonces ¿Qué hacemos? ¿Qué haga lo que quiera?
No. Hay alternativas que desde otro enfoque pueden generar un cambio verdadero en el niño y un efecto a largo plazo.
