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¡A jugar con los niños en vacaciones!

El juego cumple un papel fundamental en el desarrollo de los niños por múltiples motivos: las actividades lúdicas estimulan la inteligencia, la creatividad, la afectividad, la motricidad y la capacidad de sociabilizar de los pequeños.

«Para participar en los juegos de los niños debemos rescatar nuestra inocencia, ya que debemos sentirnos niños de nuevo y disfrutar el momento», precisó a PITOQUITO la docente. 

Ramírez presenta una serie de recomendaciones para hacer del momento un espacio divertido y feliz de fortalecimiento de las relaciones familiares:

 

1. Participar sin controlar ni dirigir

Los adultos deben integrarse en el juego de los pequeños y proporcionarles juguetes u otros objetos que resulten necesarios, pero sin querer dominar la esencia o el desarrollo del juego, ya que eso debe quedar en manos de los menores.

«Cuando decidimos jugar en familia escuchamos las peticiones de las niñas y ellas coordinan el desarrollo del juego, la idea es que se sientan a gusto y que la alegría no pare”, precisó José Pirela, habitante de la urbanización Irama. 

 

 

2. Tomar en serio el juego de los niños

Aunque no se crea el juego es un momento especial e importante de los niños, por eso lo toman con total seriedad. Es importante que los adultos respeten ese momento cuando se integran en los juegos de los niños. Si los mayores se burlan o ridiculizan su juego, esto sentirá que no son respetados y es probable que su autoestima resulte afectada. 

 

 

3. Entrar en su mundo, sin aplicar el juicio adulto

Que la imaginación no pare, que la creatividad se mantenga y que la diversión perdure. Es importante aceptar el proceso del niño, entendiendo que las cajas pueden ser vehículos, las muñecas hablan y comparten el té, así entra en su mundo sin perjuicios. 

“Al momento de jugar me olvido de quién soy y trato de convertirme en una amiga para mi hija. Ella es una gran chef, una maestra genial. Elabora las casas más hermosas y los carros más particulares con lo que recorremos el mundo”. 

 

 

4. Si hay que limitar con amor

En ocasiones se debe limitar de alguna forma la actividad del niño, ya que podría poner en peligro a otras personas, si quisiera arrojar objetos contra otros o a sí mismo, si se llevara ciertos objetos a la boca, si corriera el riesgo de caerse y hacerse daño, etc. 

 

 

 

5. Darles un espacio donde puedan hacer lo que quieran

Es importante que los menores cuenten con un espacio para ellos, en el que puedan actuar con libertad, sin importar si lo desordenan o lo ensucian. Será también el espacio donde podrán jugar solos, sin que los interrumpan o perturben. 

 

 

6. No competir con los niños

Jugar con el niño pretende fomentar sus sentimientos de logro e independencia. Por eso, cuando se trata de juegos de reglas, no hay que impedir que el pequeño -en su afán por tener el control del juego invente normas que le permitan ganar.

 

 

7. Elogiar a los niños

El juego debe ser un momento para elogiar a los menores valorar los esfuerzos que dedican a hacer lo que hacen.

 

 

8. Animar a que los niños resuelvan sus problemas

Si, mientras el pequeño juega, algo no sale como él quiere el papel del adulto debe ser apoyarle y en todo caso darle indicaciones acerca de cómo podría hacerlo, pero no hacerlo por él. Esta última actitud promovería a un niño consentido, que siempre cuenta con alguien que le resuelva los problemas. La primera, en cambio, le enseñará a valerse por sí mismo y alimentará su autoestima y su confianza en sí mismo.

 

 

9. Participar de distintos tipos de juegos

Es normal que algunos juegos gusten o atraigan más que otros, pero también lo es que los menores quieran jugar a todos: un rato correr en el parque, otro rato jugar a los videojuegos y, en otro, cantar, bailar o que le cuenten un cuento. Si el adulto puede participar un poco en cada uno, el pequeño no lo sentirá como un compañero solo en algunas actividades, sino que podrá contar con él para cualquiera.

 

 

10. Tratar de jugar un poco cada día

La idea no es solo crear un hábito de buenos momentos compartidos, sino también que el niño entienda que se puede repetir periódicamente cada día, así al momento de terminar la hora del juego queda animado pensando lo que pueden hacer el siguiente día. 

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