Cada 21 de octubre, Portobelo, en el municipio Colón, se convierte en el centro de la celebración al Cristo Negro, una de las expresiones religiosas y culturales más concurridas de Panamá. La jornada reúne a miles de peregrinos y, al mismo tiempo, activa la vida comunitaria y económica del pueblo.
Una devoción que trasciende lo religioso
Abel Aronategui, director del Centro de Arte y Cultura de Colón, sostuvo que en esta manifestación converge lo que la Unesco define como patrimonio cultural inmaterial. Según dijo, la celebración va más allá de la religiosidad popular y funciona como un espacio de cohesión social y desarrollo local.
La festividad también sostiene una red de transmisión cultural entre generaciones. Familias enteras participan en prácticas como las promesas de los peregrinos, los cantos tradicionales y la elaboración artesanal de las flores de cera que decoran el anda.
Un símbolo que moviliza a la comunidad
Aronategui afirmó que la celebración convoca a personas de distintas provincias, edades y estratos sociales, lo que refuerza el sentido de pertenencia entre los habitantes de Portobelo. Añadió que esa riqueza cultural ha contribuido al reconocimiento del pueblo como uno de los mejores pueblos rurales para visitar en el mundo en 2024, según ONU Turismo.





