La tragedia de los terremotos ocurridos el 24 de junio en el norte de Venezuela ha dejado una huella profunda en la infancia. En los refugios temporales, niños como Damián Trujillo, de 13 años, intentan procesar el trauma de la pérdida de sus seres queridos a través del juego, mientras otros enfrentan la ansiedad de forma más evidente.
Diferentes formas de afrontar el duelo
Para Damián, la evasión se encuentra en el deporte. Tras el derrumbe de un edificio en Caraballeda, en el estado La Guaira, donde falleció su madre, el adolescente busca refugio en canchas improvisadas para jugar fútbol. Sin embargo, su hermana María, de 10 años, manifiesta el trauma de manera distinta, mostrando ansiedad y recuerdos constantes del suceso.
La importancia del acompañamiento psicológico
Ante la crisis, organismos como Unicef advierten sobre la magnitud de la necesidad de asistencia. Según Manuel Rodríguez Pumarol, representante de la organización en Venezuela, el objetivo en los centros de atención infantil es ofrecer entornos seguros donde los menores puedan liberar el estrés y el trauma mediante actividades grupales sin ser presionados a hablar.
Mientras las familias esperan recuperar su estabilidad habitacional, la prioridad en los refugios se centra en brindar comida, recreación y apoyo psicológico para mitigar los efectos emocionales, como el miedo persistente a dormir tras los temblores.

