Myanmar enfrenta la segunda guerra de drones más intensa del mundo, solo por detrás de la de Rusia y Ucrania, de acuerdo con el observatorio de conflictos Armed Conflict Location and Event Data y un estudio de la London School of Economics.

Los aparatos que en los primeros años de la guerra civil daban ventaja a la oposición ahora favorecen sobre todo a la junta militar. En 2023, el ejército era responsable de apenas 5% de los ataques con drones registrados en el país, según datos de ACLED analizados por EL PAÍS. Desde junio de 2025, esa proporción subió a 71%.

El patrón también cambió en los blancos: cada vez más de esos ataques apuntan a la población civil. En las tres primeras semanas de septiembre, al menos 12 civiles, seis de ellos menores de edad, murieron en cinco ataques con drones suicidas y tres bombardeos aéreos en el este del país, según Burma News International, una red de medios independientes birmanos.