El exministro chileno sostuvo que un jefe de gabinete debe evaluar si su permanencia obliga al Presidente a gastar su capital político en defenderlo.
Junio de 2020. Sebastián Piñera aceptó la renuncia de Jaime Mañalich como ministro de Salud, en plena pandemia de coronavirus y cuando se preparaba una acusación constitucional en su contra que luego fue rechazada.
Seis años después, Mañalich volvió sobre ese episodio para opinar sobre la crisis que enfrenta el gobierno de José Antonio Kast con Fernando Rabat como protagonista. Su mensaje fue directo: “Presentar una renuncia fundada es lealtad también”.
La continuidad de un ministro también es una decisión personal
En la entrevista, Mañalich sostuvo que la permanencia de un ministro no depende solo de la confianza presidencial. Recordó que el mandatario puede nombrar, remover o mantener a sus colaboradores, pero insistió en que cada ministro también debe reflexionar sobre su propia continuidad.
“Los ministros no son autómatas”, dijo, al plantear que existe un momento en que la renuncia puede ser una salida legítima. A su juicio, la clave está en medir si seguir en el cargo ayuda a resolver los problemas del país o, por el contrario, empuja al Presidente a defenderlo a costa de su capital político.
También remarcó que una dimisión puede ser un gesto de lealtad, incluso si el mandatario prefiere mantener al ministro en su puesto. En ese marco, habló de la necesidad de “franqueza” con el jefe de Estado y de formalizar la decisión por escrito.
El antecedente de su salida en Salud
Mañalich comparó esa discusión con su propia salida del gabinete de Piñera. Contó que el entonces Presidente resistió su renuncia y le pidió seguir en medio de la crisis sanitaria, pero que él insistió en apartarse porque entendía que hacía falta “un nuevo liderazgo”.
Según su relato, llegó a presentar la renuncia por escrito y con firma, como un documento legal, y hasta propuso un eventual reemplazo, que terminó siendo Enrique Paris.
Consultado sobre Rabat, evitó decirle de forma expresa que dimitiera, pero sí le recomendó considerar seriamente dejar una carta firmada sobre la mesa del Presidente. A su juicio, la decisión debe tomarse con madurez política y a partir de la gravedad real de los cuestionamientos.
Sobre la respuesta pública de Kast, que ha respaldado a Rabat, Mañalich dijo que puede entenderse desde la confianza, aunque insistió en que el ministro conserva autonomía para evaluar si su permanencia termina dañando al gobierno.
Al final, se definió como piñerista y aseguró que no se incorporará al gobierno de Kast, aunque sí se mostró dispuesto a respaldarlo para que le vaya bien.
Contenido redactado con asistencia de un LLM.