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Ni perdonar a los autores, ni ceder al miedo a los yihadistas: en Bamako, un millar de personas rindieron un último homenaje a los cinco empleados malienses del hotel Radisson Blu fallecidos, en presencia del presidente Ibrahim Boubacar Keita, el tercer y último día de duelo nacional.
Con los ojos protegidos por gafas oscuras, delante de los cuerpos cubiertos con sudarios, el presidente Keita no quiso hacer un discurso. «Estamos aquí para aceptar la voluntad de Dios, que los acepte en su reino», dijo en la lengua local bambara.
El 20 de noviembre, el hotel fue atacado por hombres armados que retuvieron a unos 150 clientes y empleados cerca de nueve horas. El ataque, que dejó 20 muertos, además de los dos asaltantes, fue reivindicado por varios grupos yihadistas.