La Unión Europea negocia en Bruselas con los talibanes el envío de vuelta de afganos refugiados en territorio comunitario, una discusión que ha reactivado el debate sobre los límites de la política migratoria europea y el respeto a los derechos humanos.
El debate gira en torno a la no devolución
Afganistán sigue siendo un país donde las mujeres, las minorías y los opositores al régimen enfrentan una represión muy severa. Sin embargo, el punto central de la discusión no es si Europa actúa bien o mal al deportar personas a un país considerado seguro o inseguro, sino si esas devoluciones vulneran el principio de non-refoulement, o no devolución.
Ese principio prohíbe enviar a una persona a un lugar donde pueda sufrir persecución, tortura o tratos inhumanos, y constituye una de las bases del derecho internacional en materia de protección de refugiados y solicitantes de asilo.
Marco jurídico internacional
La no devolución está recogida, entre otros instrumentos, en la Convención de Ginebra de 1951, la Convención contra la Tortura y la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Su aplicación resulta clave en los casos en que un retorno podría exponer a una persona a riesgos graves para su integridad o su vida.
