Cuando a Esperance Nzavaki le dijeron que había superado el ébola tras pasar tres semanas de cuidados intensivos en un centro médico del este de República Democrática del Congo, levantó los brazos hacia el cielo con alegría y alabó al Señor.
Su recuperación es testimonio de la efectividad de un nuevo tratamiento que aisla a pacientes en unidades móviles futurísticas con paredes transparentes a las que los sanitarios pueden acceder sin llevar equipos de protección de tanto peso, con guantes es suficiente.
“Empecé a sentirme mal, con fiebre y dolor por todo el cuerpo. Pensé que era tifoidea. Tomé medicamentos, pero no funcionó”, dijo Nzavaki a Reuters en Beni, ciudad de cientos de miles de habitantes donde las autoridades intentan contener el virus.
“Después llegó una ambulancia que me llevó al hospital especializado en tratamiento del ébola. Ahora le doy gracias a Dios por haberme curado”.
