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Imaginarse a Cuba sin el apellido Castro en el poder no parece un fácil ejercicio, pero desde que la isla comunista y Estados Unidos anunciaran el inesperado e histórico reestablecimiento de las relaciones diplomáticas, hace casi un año, nada parece sorprender; y menos cuando Raúl le puso año, mes y día a su retiro: el 24 de febrero de 2018.
Visto así, el fin de la era Castro entró formalmente en cuenta regresiva.
“El 24 de febrero de 2018 concluyo (el período) y me retiraré”, afirmó el presidente Raúl hace pocos días en una visita a México. Ya el octogenario Mandatario había hablado de su retiro, aunque sin ser muy específico. Así, por ejemplo, cuando asumió su segundo mandato, el 24 de febrero de 2013, aseguró que abandonaría el poder luego de terminada su administración. Un año antes, dijo que los funcionarios cubanos, incluyendo el presidente, deben estar limitados a dos períodos.
A partir de la fecha anunciada, salvo se produzca una decisión contraria, lo cual no parece muy probable, se pondrá fin a casi 60 años de dominio total de los Castro sobre Cuba. La descendencia tanto de Fidel como de Raúl no figura por ningún lado para tomar el testigo. Quien sí se perfila para lo que sería una inédita asunción, es el primer vicepresidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, un exministro de Educación que, en 2012, fue designado como uno de los cinco vicepresidentes del Consejo de Estado. Él es el primer funcionario de alto rango nacido posterior a la revolución.
Pero antes que llegue el 2018, los Castros se encargarán de dirigir, en especial Raúl, a su ritmo, los hilos de la transición. Mientras tanto, a fuego lento siguen en marcha las reformas económicas, en contraste con la casi inamovilidad en lo político.
Contra pronóstico, los Castro han resistido desde el paso inexorable del tiempo hasta los mil y un planes de EE UU para sacarlos del poder, incluyendo un asfixiante, pero “fracasado” embargo económico y comercial contra Cuba, reconocido así por el presidente Barack Obama, quien demanda a los legisladores de su país el fin del aislamiento. “Estoy convencido que el Congreso acabará de forma inevitable levantando el embargo que no tiene ya más sentido”.
Si la isla llegará al 2018 con o sin el embargo, eso lo responderá el tiempo. Lo que se sabe es que el camino para tal fin está cargado de muchas espinas. La diferencia entre uno y otro escenario es abismal, como lo es ahora la actual relación de lazos diplomáticos entre EE UU y Cuba comparada con el distanciamiento que prevaleció por cinco décadas y media antes de diciembre de 2014, cuando Obama y Raúl anunciaron el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, con el Vaticano como mediador clave.
El periodista español, Ángel Tomás González, escribió hace unos cinco meses que “Cuba tiene pactado con el Vaticano la ejecución de una ´transición controlada´ en su sistema socialista. Así lo consideran, al menos, analistas locales al evaluar la gestión diplomática que ha ejercido la Santa Sede para favorecer el restablecimiento de relaciones entre Washington y La Habana”.
Durante más de cinco décadas y media, Cuba fue moldeado a la imagen y semejanza del proyecto de Fidel, con su hermano detrás. Ellos instauraron un férreo sistema comunista, pese a la dura oposición de los norteamericanos.
El Estado tomó el control de prácticamente todo. Un partido único y una economía centralizada hasta la médula. Presos políticos y nacionalización de las escuelas católicas. La invasión a Bahía de Cochinos, la Crisis de los Misiles que casi termina en la tercera guerra mundial, el fin de la era soviética y el inicio del período especial. Otra profunda crisis económica y el inicio de las reformas. Bajas y altas, con la educación, deporte y salud como bandera.
Mucha agua ha corrido debajo del puente. Mucha todavía falta por pasar.
Desde que Raúl Castro (84 años y más pragmático) asumió el poder, tras la enfermedad de su hermano, ha emprendido reformas históricas, aunque la lentitud ha sido blanco de críticas hasta del propio Gobierno. Sin embargo, la Cuba de 2018 será algo distinta a la Cuba de 15 o 20 años atrás.
Los Castros quieren modernizar el paquidérmico y cerrado modelo. Pretenden parecerse más a China, avanzando en lo económico-financiero, pero sin mayores cambios en lo político.
“Me parece que el próximo presidente (cubano) encontrará un país que, por un lado, va a mostrar estadísticas de crecimiento. El puerto nuevo con su zona de libre comercio (en Mariel) generará más empleo, turismo, y remesas, por lo que es muy probable que la economía crezca”, analizó para este rotativo el director del Centro de Estudios para Latinoamérica, de la Universidad de Pittsburgh, Scott Morgenstern. “Por otro lado, con nuevas oportunidades económicas, también es posible que el nuevo presidente vaya a enfrentar presiones para abrir el Gobierno y dar aún más libertades. Por ejemplo, cuando la gente vea trabajadores (extranjeros y nacionales) ganando más dinero en Mariel, es probable que exija que el Gobierno expanda tales oportunidades a otras partes de la isla”, agregó.
Para Carmelo Mesa-Lago, considerado una de las principales autoridades mundiales sobre la economía cubana, “las reformas están bien orientadas y han logrado mejoras, pero están obstaculizadas por excesivos controles y regulaciones, así como altos impuestos que provocan desincentivos e impiden su progreso; son insuficientes para resolver los problemas acumulados en 54 años de socialismo real”.
Mesa-Lago (La Habana, 1934), un economista, catedrático y consultor de instituciones internacionales, ha destacado alguna de las reformas estructurales emprendidas, como la entrega en usufructo de tierras estatales ociosas, fomento de trabajos no estatales, extracción gradual de artículos del racionamiento y su venta a precios de mercado a los subsidiados, reducción en gastos de servicios sociales financieramente insostenibles, autorización de compraventa de viviendas y de vehículos y cesantía de empleados estatales innecesarios.
De esta manera se nutre la esperanza de los cubanos de una isla más dinámica, flexible y próspera. “De ellos, el que más engorda la esperanza de los cubanos de a pie es el retorno del turismo estadounidense”, escribió González en un artículo de prensa.
Raúl asumió el mando de la isla, de manera interina, en julio de 2006. Pero fue en febrero de 2008 que tomó el cargo oficialmente. El hermano menor del líder de la revolución cubana tiene cuatro hijos, nueve nietos y dos bisnietos (más uno que viene en camino).
La era de los Castros tiene el tiempo contado. Raúl, sobretodo, maneja los hilos de la transición.