México pasó por dos intentos monárquicos en su historia temprana: el primero con Agustín de Iturbide, entre 1822 y 1823, y el segundo con Maximiliano de Habsburgo, impulsado décadas después por Napoleón III.
El primer emperador mexicano
Tras la independencia de España, el Congreso mexicano proclamó a Iturbide como emperador, con votos de diputados cercanos a él y de otros conservadores que consideraban que tenía legitimidad y méritos por haber contribuido a la independencia. Su imperio duró poco: en marzo de 1823 abdicó, luego de perder apoyo político, enfrentar rebeliones militares y ver al Congreso volverse en su contra.
Maximiliano y el apoyo francés
Más tarde, Napoleón III promovió la instalación de un segundo imperio en México para expandir la influencia francesa en América. Para ello presionó a Maximiliano de Habsburgo y, una vez coronado como emperador, lo sostuvo con el Ejército Expedicionario Francés.
Con el tiempo, las presiones internacionales, en especial las del gobierno de Estados Unidos, junto con los altos costos militares y los cálculos políticos de Francia, hicieron que ese respaldo dejara de ser conveniente. Maximiliano también rechazó algunas órdenes francesas y adoptó políticas liberales que molestaron a los conservadores mexicanos.



