La música nace de cada tecla morena y de la sensibilidad de los ejecutantes. El olor a hormigo se mezcla en el aire con la melodía Luna de Xelajú. El instrumento patrio de Guatemala está de fiesta y sus pobladores lo reverencian con fervor nacionalista.
Cuando se dice marimba en la tierra del Quetzal, muchos calificativos vienen a la mente: patrimonio cultural, elemento de identidad, fenómeno acústico, símbolo de nacionalidad, objeto de pasión y joya de la artesanía nacional, bastarían para tener una idea del significado de ese instrumento para los chapines de corazón.
Sus orígenes, sin embargo, todavía causan polémica y son contenido para futuras tesis de investigación. ¿Nació en África o en Indonesia, acaso en el Amazonas?, constituyen respuestas a medias, pero de lo que sí no hay duda es de que el ingenio de los guatemaltecos contribuyó a su reinvención, entre 1492 y 1680.
Léster Homero Godínez, creador del concepto de marimba de concierto, asegura que África aportó la idea de agrupar tablillas en sucesión y percutirlas, así como el vocablo, de origen bantú.
De Europa vino el sistema musical temperado (escala de 12 tonos), que asigna un nombre y un sonido determinado a cada tablilla, en tanto Mesoamérica puso materiales exclusivos como la madera de hormigo y de güisil para fabricar las teclas y baquetas o bolillos, sin olvidar la herencia del tún utilizado por los mayas.
Este consistía en un tronco vaciado en su interior como caja de resonancia, con dos lengüetas flotantes que se golpeaban con unas baquetas.
La fusión o ajiaco de todos estos elementos culturales llevaron primero a la creación de las marimbas de aro o arco, que tenían un teclado de madera de hormigo colocado sobre un marco de otra madera (pino o cedro), además de un cinto de tela que le servía al ejecutante para ir de un lugar a otro.
Según los historiadores, tenía calabazas o tecomates como cajas de resonancia y aún pueden verse en museos y lugares distantes de la ciudad, donde las ejecutan campesinos que las han heredado de sus antepasados.
Poco después apareció la marimba sencilla, que produce escalas diatónicas únicamente, con cajas de resonancia y un teclado donde ejecutan tres o cuatro personas, de acuerdo con su tamaño. A este conjunto se le agregó después otra más pequeña que recibió el nombre de tenor.
Así se mantuvo el instrumento hasta inicios del siglo XX, cuando surgen las de doble teclado, capaces de producir escalas cromáticas. Su invención se atribuye al quetzalteco Sebastián Hurtado, por sugerencia del eminente músico Julián Paniagua.
Corría el 1899 y en un cumpleaños del presidente Manuel Estrada Cabrera, los hermanos Hurtado dieron un concierto en la capital, donde interpretaron el vals Xelajú y un paso doble con el nombre del mandatario, en la primera marimba doble que llegó a la ciudad.En el corazón Guatemalteco
El genio inventivo guatemalteco se apropia del instrumento hasta hacerlo tan suyo que termina siendo símbolo patrio.
En octubre de 1978, un grupo de diputados animados por Rafael Téllez García logra que el Congreso de la República emitiera el decreto No. 66-78, en el cual se declara la marimba como instrumento nacional y el 20 de febrero como día de homenaje.
Para agosto de 1999, el espíritu guatemalteco lleva a declarar como símbolo patrio al instrumento por «su valor cultural, de arte y tradición de los guatemaltecos, propio de nuestro país y que enaltece nuestra cultura e idiosincrasia».
El oficial Diario de Centroamérica publicó el nuevo decreto, el cual obliga al Ministerio de Educación a propiciar la enseñanza de la marimba en escuelas públicas y privadas, y a respetarla en grado sumo junto a la monja blanca, el quetzal, la ceiba pentandra, el himno nacional, la bandera y el escudo.
Actualmente existen en Guatemala destacados compositores que han aportado su talento, habilidad e inspiración para crear melodías que no dejen morir la ejecución y la música de marimba, declarada, además, Patrimonio Cultural de las Américas desde 2015.
Entre los autores más emblemáticos sobresalen Gumercindo Palacios, Mariano Valverde, Rocael Hurtado, José Betancourt, Víctor Aguilar, Fidel Funes y Guillermo de León, este último con unas 376 piezas.
Y si de interpretaciones se trata es imposible visitar Guatemala sin dejar de escuchar el encanto y la nostalgia de Ferrocarril de los altos y Xelajú de mis recuerdos (Betancourt), En Culco me enamoré y Las chancletas de Nayo Capero (León Ruiz), o Lágrimas de Thelma (Palacios).
Este mes de febrero, el Ministerio de Cultura y Deporte homenajeó a Carlos Jagan, quien ha dedicado 50 años de su vida al arte preciosista de construir marimbas, el cual aprendió de su padre y hoy traslada a sus hijos.
Cada tecla tiene su propio secreto, dado por las varias maderas que se utilizan, como el hormigo, el palo rosa o el paduk.
Las cajas de resonancia se fabrican de madera de cedro y ciprés, y su proceso es muy parecido al de una guitarra. La tela empleada para producir el sonido se adquiere de los intestinos de los cerdos, en tanto la mesa refleja el arte y la pasión de su creador por sus finos acabados, incrustaciones y el nombre que lo acredita.Arte y Tradición
A la entrada del municipio cabecera de Quetzaltenango, segunda ciudad en importancia de este país, una gran marimba da la bienvenida a los visitantes, porque también la escultura ha reflejado su impronta en el panorama sociocultural.
Para mediados de este año, podría estar funcionando la Escuela Nacional del instrumento, un complejo diseñado por el arquitecto quetzalteco Efraín Recinos en el interior del capitalino Centro Cultural «Miguel Ángel Asturias», otra joya del arte moderno y sede principal de las presentaciones de los más reconocidos grupos marimbísticos.
La instalación tendrá museo, escuela, auditorio y está destinada a convertirse en el centro de los estudios profesionales de la marimba en este país y en un futuro, quién sabe, llegue hasta otras naciones cultivadoras de Centroamérica.
A pesar de no ser originariamente chapina, qué importa. «No será de Guatemala, pero es indudablemente guatemalteca», dijo una vez la investigadora, escritora e historiadora Erna Fergusson con el ánimo de zanjar la polémica.
Y tenía razón, porque decir marimba en esta tierra es pensar en folclor, tradición popular, objeto de remembranza, elemento de promoción turística… arte y creación en mayúsculas. ÂíQué suene, pues!