Francia cerró un intenso periodo electoral en el primer semestre del año con dos resultados inesperados: la llegada al poder del presidente más joven en los dos últimos siglos, y además su victoria arrasadora en los comicios legislativos.
En enero de 2017, muy pocos apostaban a esa configuración del escenario político tras los sufragios presidenciales y parlamentarios, que durante seis meses mantuvieron al país casi paralizado y centrado en el tema electoral.
Emmanuel Macron, a sus 39 años, sorprendió a muchos al conseguir ser electo como jefe de Estado de una de las principales potencias del mundo, y además ganar una amplia mayoría parlamentaria con su movimiento La República En Marcha (LREM), fundado hace apenas un año.
Para llegar a ese punto, el político logró pasar por encima y aventajar ampliamente a los dos grandes partidos tradicionales de Francia, el conservador Los Republicanos y el Socialista, que había compartido el dominio del escenario político de la V República.
Ahora la nación gala tiene un mandatario protagonista de una carrera meteórica, y que además rechaza definirse de izquierdas o de derecha y se presenta como defensor de la unidad nacional, lo cual despierta suspicacias en una nación acostumbrada a los compromisos y familias políticas.
En sus primeras semanas de gobierno, comenzó a trabajar en varios temas polémicos que constituyeron promesas de campaña, como la reforma al Código de Trabajo, una nueva ley antiterrorista y una ley para la moralización de la vida pública.
En el plano regional, Macron dejó clara su filiación como europeísta convencido, y dispuesto a trabajar con empeño para que la Unión Europea salga adelante en un momento de crisis, marcada por hechos como la salida del Reino Unido.
A nivel internacional, el presidente francés no esconde su voluntad de restituir a Francia como una voz de peso en el mundo, y así quedó claro, por ejemplo, en su reacción tras el anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de sacar a su país del Acuerdo de París para la lucha contra el cambio climático.
Pocas horas después de la declaración de Trump, Macron ofreció un discurso en que se mostró dispuesto a asumir el liderazgo mundial en la defensa de una política a favor del medio ambiente. MAYORÍA PARLAMENTARIA Y GOBIERNO DE TENDENCIA TECNÓCRATA
Las elecciones legislativas, programadas un mes después de las presidenciales, se consideraron la primera prueba de fuego del joven mandatario: si no lograba conseguir una mayoría parlamentaria, tendría ante sí numerosos obstáculos para aplicar su programa de gobierno.
Sin embargo, Macron superó el desafío y su movimiento LREM, junto a los socios del partido centrista Modem, ganó 352 escaños parlamentarios en una Asamblea Nacional de 577, lo que le garantiza una posición ampliamente favorable.
Las restantes formaciones quedaron con resultados muy inferiores: en segundo lugar se ubicaron el partido conservador Los Republicanos y sus socios con 137 diputados electos, seguidos por los socialistas y aliados con 44, el movimiento izquierdista Francia Insumisa con 17, los comunistas con 10, y el ultraderechista Frente Nacional con ocho.
Otro de los pilares de la gestión, la conformación del equipo de gobierno, quedó definida días después de las legislativas.
La lista inicial de ministros anunciada en mayo fue reformulada con la salida de cuatro titulares involucrados en investigaciones judiciales, tras lo cual se estructuró un equipo «con vocación de durar», según las declaraciones del propio Macron.
Como su colaborador más cercano, el presidente escogió para primer ministro a un político muy poco conocido y definido como un derechista moderado: Edouard Philippe, quien previamente se desempeñaba como alcalde de la ciudad de Le Havre.
Del bando conservador también llegan los ministros de Economía, Bruno Le Maire, y de la Acción y Cuentas Públicas, Gérald Darmanin.
En el caso de las carteras de mayor peso político, quedaron ocupadas por dos veteranos socialistas: Jean-Yves Le Drian como ministro de Asuntos Exteriores y Gerard Collomb como titular de Interior.
La mayor parte de los restantes ministerios quedaron encabezados por personalidades provenientes de la sociedad civil y con trayectoria destacada en sus áreas de especialización.
En este sentido, la titular de Deportes es Laura Flessel, varias veces campeona olímpica y mundial de esgrima; la de Salud es la reconocida médica Agnas Buzyn; el de Educación Nacional es el profesor Jean-Michel Blanquer; y la de Cultura es la editora Françoise Nyssen.
Quedó conformado un equipo que respeta estrictamente la paridad de género, con igual cantidad de hombres y mujeres, y con una marcada tendencia tecnócrata.
Macron, que para unos representa la renovación y para otros el conservadurismo disfrazado de juventud, comienza un quinquenio de gobierno entre la esperanza de sus seguidores, el rechazo de los detractores, y el escepticismo de una parte importante de la ciudadanía.
Así quedó demostrado con el altísimo abstencionismo registrado en las elecciones legislativas: por primera vez en las últimas décadas, el 57,36 por ciento de los electores optaron por no ir a votar, una cifra que despertó alarmas en esta nación europea.