Filadelfia se convirtió el jueves en la primera gran ciudad de Estados Unidos que decreta un impuesto a las bebidas azucaradas, pese a que la industria refresquera lanzó una campaña multimillonaria para bloquear la medida.
El concejo municipal dio la aprobación final a un impuesto de 1,5 centavos por onza (29,5 mililitros) a las bebidas azucaradas y dietéticas. El impuesto entrará en vigor el 1 de enero.
Únicamente Berkeley, en California, tiene una ley similar. Las propuestas para aplicar impuestos a las bebidas azucaradas han fracasado en más de 30 ciudades y estados en los últimos años, incluso en Filadelfia en dos ocasiones previas. Esas medidas a menudo son criticadas por afectar de manera desproporcionada a la gente pobre, que es la principal consumidora de bebidas azucaradas.
El alcalde demócrata Jim Kenney convenció al Concejo de la idea con un plan para destinar la mayor parte de los 90 millones de dólares que se estima se obtendrán en nuevos ingresos fiscales a pagar jardines de niños, escuelas comunitarias y centros recreativos.
