El primer ministro de Etiopía, Hailemariam Desalegn, declaró el domingo el estado de emergencia durante seis meses, asegurando que meses de revueltas amenazan a la estabilidad de la nación.
Los grupos de derechos dicen que han muerto más de 500 personas en protestas en la región de Oromiya desde el año pasado, cuando la molestia por un plan de desarrollo para la capital generó manifestaciones antigubernamentales más amplias contra sus políticas y abusos de los derechos humanos.
El Gobierno afirma que estas cifras están infladas. «Se ha declarado el estado de emergencia porque la situación representa una amenaza contra la gente del país», dijo Hailemariam en la televisión estatal.
«Ha sido destruida infraestructura vital, negocios, centros de salud y educación, además de oficinas gubernamentales y tribunales», señaló. También reiteró promesas previas de que implantará reformas y planes para reunirse con la oposición.
