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ESPECIAL// ISIS: la cara oscura del Islam

Sangre, dolor y lágrimas son causadas en nombre de la fe. Tienen la propaganda más barata: subir a las redes videos de sus actos más violentos. Amenazan con conquistar el mundo entero. Los países más amenazados temen que obtengan material nuclear.

Una religión: el Islam. Un profeta: Mahoma. Un libro: El Corán. Un Dios: Alá, y un grupo terrorista: Isis (también conocido como ISI, EI, EIL o Dáesh). Conforman un grupo de ingredientes que se ha mezclado para generar millones de muertes en el globo terráqueo, especialmente en el mundo árabe, pero que ha extendido sus tentáculos para atacar a países de Occidente y amenaza con conquistar el mundo entero. Todo en nombre de la fe y de una convicción de Guerra Santa. 

Los sangrientos enfrentamientos por ideologías religiosas han sido el pan nuestro de cada día en el mundo árabe, hasta el punto de que las muertes y ejecuciones diarias en zonas de conflicto árabe-israelí eran publicaciones que no dejaban de tomar espacio en medios de comunicación, formar parte de la cotidianidad de las noticias internacionales e inevitablemente pasaron a ser “el problema de allá”.

Pero el resto del mundo comenzó a estremecerse con los ataques suicidas al corazón de Estados Unidos en septiembre de 2001, asumidos por Al Qaeda y que implicó secuestros de aviones que impactaron y destruyeron el entorno del World Trade Center y graves daños al Pentágono, con un saldo de 3000 personas muertas y más de 6.000 heridos.

Se declaró una guerra al terrorismo que implicó ataques a Afganistán, la invasión a Irak y la muerte, en 2011, del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden.

Cuando se pensaba que lo peor había pasado y que el terrorismo había perdido poder, surge el autonombrado grupo Isis (Estado Islámico de Irak y Levante. Siendo el Levante una región que incluye, además de Siria, partes de otros países como Israel, Jordania y Líbano). La agrupación pasó de ser una simple facción de la red terrorista Al Qaeda a convertirse en una verdadera plaga del siglo XXI, o como dijo el presidente estadounidense, Barack Obama, “en el cáncer del mundo”.

Crucifixiones, lapidaciones, fusilamientos y ablaciones (mutilación genital femenina) dejaron de ser métodos de culturas extremas ejecutadas en el núcleo de una sociedad para aparecer en las redes sociales y quitarle el aliento al mundo entero, todas con el sello de Isis, cuyos miembros se adjudican cada hecho como una victoria más ganada, desde derrumbes de aviones iraquíes, degollamientos públicos de periodistas y prisioneros en general, un tiroteo mortal contra el semanario francés Charlie Hebdo en enero de 2015, 130 fallecidos en cuatro puntos de Francia en noviembre del año pasado y, más recientemente, la dos explosiones, al menos una de ellas causada por un suicida, que sacudieron el aeropuerto de Bruselas y el metro de la capital belga en marzo, provocando el cierre de la ciudad y dejando 34 muertos y 187 heridos.

“El terrorismo ha golpeado en Bélgica, pero el objetivo era Europa y esto afecta al mundo entero”, exclamó Francois Hollande, presidente de Francia.

Para tener una idea del extremismo de este grupo, que en un solo mes difundió tres videos con la decapitación de rehenes británicos y estadounidenses, hay que decir que Al-Qaeda, la organización terrorista más conocida, en febrero de 2014 rompió vínculos con Isis debido a la “brutalidad de sus métodos” y su notoria intratabilidad. Es decir, son considerados demasiado extremos incluso por los mismos terroristas que derrumbaron las Torres Gemelas. 

El secretario de Defensa estadounidense, Chuck Hagel, dijo que Isis “va más allá que un grupo terrorista. Combina ideología con sofisticadas habilidades militares tácticas y estratégicas, está sumamente bien financiado y va más allá de nada que hayamos visto”.

Pero, ¿acaso el Islam es una religión de terror? ¿Alá es un Dios de odio y destrucción? ¿Los musulmanes son terroristas?

Juan Saud, presidente del Centro Islámico de Guayaquil, Ecuador, cataloga como un crimen imperdonable lo ocurrido en Bélgica. “Yo no sé en realidad qué dicen ellos (los terroristas) o no, pero en el caso que fuera verdad que dicen hacer esto por el islam, yo lo único que les puedo decir es que Dios indica claramente en el Corán que quien mate a un inocente es como si matara a toda la humanidad. Eso está clara y explícitamente establecido en el Corán. De esa manera no puede haber ninguna justificación para, indiscriminadamente, atacar gente que no es combatiente”, comenta Saud, quien refiere que la situación derivada de los ataques lo que logra es ‘demonizar’ al islam.

Con esto coincide el musulmán venezolano Badr Azzar, quien dijo a PANORAMA que, particularmente no reconoce a los terroristas como miembros de su religión: “Como se ha dicho: no todo árabe es musulmán ni todo musulmán es árabe. Para mi concepto, los islámicos no son terroristas. Isis son el resultado de una malinterpretación del islam y del Corán, nuestro libro sagrado. Tengo que añadir que las guerras religiosas no son nuevas. ¿Cuántas personas murieron durante las cruzadas cristianas en nombre de la fe? ¿Cuántos nativos de América perdieron la vida durante la colonización europea? ¿Cuántos otros fueron quemados vivos o torturados hasta la muerte por la inquisición católica? Nuestro Dios es un Dios de paz, los que utilizan su nombre para el derramamiento de sangre no solo están errados, causan un grave daño al mundo y Alá está contra ellos”, expresó.

La realidad es que las principales encuestas realizadas en todo el mundo apuntan a que en la mayoría de los países musulmanes menos del 10% apoya a Isis, una organización que se  formó en 1999 bajo el nombre  del monoteísmo y la yihad, pero a lo largo de los años ha cambiado de nombre en múltiples ocasiones. Su origen se dio en Jordania, pero tras la invasión de Irak por parte de Estados Unidos en 2003, el grupo expandió sus acciones a este país, convirtiéndose en su centro de operaciones.

En 2004, con el grupo ampliando sus actividades a Irak, el líder Abu Musab al-Zarqawi juró lealtad a Osama bin Laden y la organización pasó a conocerse informalmente como Al-Qaeda en Irak.

Bajo el comando de Al-Zarqawi, en 2006 el grupo se fusionó con varias pequeñas agrupaciones insurgentes iraquíes, con lo que fue ganando presencia en dicho país. 

Al-Zarqawi fue asesinado en junio de 2006, provocando que el rumbo de la organización cambiara.

En octubre de ese año, bajo un nuevo liderazgo, el grupo estableció por primera vez la mención a un Estado Islámico, pasando a denominarse Estado Islámico de Irak (ISI), designando a uno de sus líderes con el título de Emir (gobernador) y a otro con mayor poder político real.

Esto provocó fuertes reacciones contrarias, incluso por parte de yihadistas (ramas más violentas y radicales dentro del islam político) iraquíes y de otros países, pero el grupo siguió acumulando poder en Irak. En 2010, los líderes del ISI fueron asesinados y tomó su lugar Abu Bakr al-Baghdadi.

El grupo estableció un califato, que es una forma de Estado dirigido por un líder político y religioso de acuerdo a la ley islámica o sharia, que controla un territorio de los Estados de Siria e Irak.

En junio de este año, la organización comenzó a eliminar oficialmente la parte de “Irak y el Levante” de su nombre, para referirse simplemente a “Estado Islámico” (EIL), declarando su territorio bajo el control de un nuevo califato, designando a Abu Bakr al-Baghdadi como su califa y estableciendo que todos los musulmanes del mundo deberían jurar lealtad al nuevo líder. 

Los analistas y especialistas han considerado esta eliminación de las referencias a Irak y al Levante en su nombre como una evidente intención de expandirse sin límites a lo largo de Medio Oriente. Tiene armas, recursos, utiliza innovadores métodos de combate,  de reclutamiento y sus soldados no saben qué es el miedo. 

Algunas estimaciones calculan que Estado Islámico y sus aliados controlan al menos 40.000 kilómetros cuadrados en Irak y Siria, casi el territorio de Bélgica. Otros afirman que son cerca de 90.000 kilómetros cuadrados, el mismo espacio en el que reposa el Estado de Jordania. Ese territorio incluye las ciudades de Mosul, Tikrit, Faluya y Tal Afar en Irak y Raqqa en Siria. Además de campos de petróleo, represas, carreteras y límites fronterizos.

Al menos ocho millones de personas viven bajo el control parcial o total de EI, que ha implementado una estricta interpretación de la sharia, forzando a las mujeres a llevar velo, obligando a los no musulmanes a convertirse o a pagar un impuesto, e imponiendo castigos que incluyen ejecuciones.

Mientras las personas afectadas entierran a sus muertos sin dejar de preguntarse ¿por qué? Mientras todo esto sucede, Isis, no se detiene, se expande.

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