El Niño extremo avanza en Latinoamérica y eleva el riesgo de inundaciones, sequías e incendios forestales en varios países de la región. Ecuador y Perú enfrentan lluvias intensas; Colombia y Bolivia registran menos precipitaciones, y Brasil se prepara para posibles sequías severas.
Los efectos también alcanzan la seguridad alimentaria, la pesca y los ecosistemas. Se espera que el fenómeno llegue a su punto máximo en diciembre de 2026 y que sus impactos puedan prolongarse hasta 2027.
Perú sigue con alertas pendientes

En Perú, casi una década después de El Niño Costero de 2017, ninguno de los 18 sistemas de alerta temprana previstos para advertir a la población está operativo. Aunque Piura e Ica ya cuentan con radares meteorológicos, todavía faltan componentes clave para alertar ante inundaciones, deslizamientos y huaicos.
Además, de los 17 proyectos de infraestructura natural planteados para reducir el riesgo de inundaciones y huaicos en siete regiones, 16 siguen sin ejecutarse. La iniciativa estaba calculada en más de 417 millones de dólares y solo uno de esos proyectos tiene diseño aprobado. Entre las razones del retraso figuran la inestabilidad política, los problemas presupuestarios y técnicos, y la falta de empresas con experiencia.
Incendios, océanos y comida más cara

En Colombia, el fenómeno ya ha dejado temperaturas más altas, menos lluvias y una reducción de los caudales de varios ríos. En el departamento del Tolima se han registrado incendios, y la región Andina concentra más del 92 % de las alertas del país. En Boyacá, el fuego afectó a Villa de Leyva y al Santuario de Fauna y Flora de Iguaque, donde tardó siete días en ser controlado.
También hay señales en los océanos. El Pacífico registra huracanes más intensos, como Polo, que pasó de tormenta tropical a categoría 5 en apenas 48 horas, mientras el Atlántico atraviesa una temporada inusualmente tranquila.
En la región, el impacto sobre los alimentos ya preocupa: en Colombia cerca del 30 % de la producción está en riesgo y podrían perderse millones de toneladas de comida. En México, el calentamiento del Pacífico altera la distribución de peces comerciales y complica la pesca. En el norte de Argentina, comunidades indígenas enfrentan dificultades para cultivar, criar animales y recolectar alimentos.
En Ecuador, guardaparques de Galápagos, Yacuri, Cuyabeno y el Bosque Protector Prosperina se preparan con poco personal y recursos para lluvias intensas, sequías, incendios, inundaciones y derrumbes.




