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EE UUU intenta convencer a Turquía de la necesidad de un alto el fuego en Siria

Una delegación estadounidense del más alto nivel encabezada por el vicepresidente Mike Pence enfrentaba la ardua misión este jueves 17-O de convencer al presidente turco Recep Tayyip Erdogan que declare un cese de fuego en su ofensiva contra las fuerzas kurdas en el norte de Siria.

SUV blindados transportaron a Pence, el secretario de Estado, Mike Pompeo, y el asesor de seguridad nacional Robert O’Brien, al enorme complejo presidencial en Ankara. Pence y Erdogan se estrecharon las manos con expresión adusta al iniciar una reunión de 90 minutos a solas y un posterior encuentro con las delegaciones en pleno.

Después de horas de reuniones, no quedaba claro si había algún avance hacia un cese de fuego.

Erdogan permitió a los fotógrafos tomar fotos de la reunión bilateral plenaria durante un minuto por pedido de Pence, informó la oficina del vicepresidente. Erdogan dijo que era la primera vez que se permitía a la prensa entrar a la sala de conferencias de la presidencia.

Se prevé que los funcionarios estadounidenses advertirán a Erdogan que Washington aplicará sanciones si no detiene su ofensiva contra las fuerzas kurdas antes aliadas con Estados Unidos contra el grupo Estado Islámico.

En la víspera, el presidente Donald Trump restó importancia a la crisis a pesar de haber enviado a sus más altos colaboradores a intentar resolverla.

Trump insinuó el miércoles que un grupo kurdo constituía una amenaza terrorista mayor que el EI y elogió los esfuerzos de Rusia y el gobierno sirio por llenar el vacío creado por su orden de retirar a casi todos los efectivos estadounidenses de Siria en medio de una ofensiva turca contra los kurdos.

“Siria podría recibir ayuda de Rusia y eso está bien”, dijo Trump. “Allá tienen mucha arena. Así que tienen mucha arena con que jugar”.

“Que libren sus propias guerras”, acotó.

Resultó difícil conciliar las diversas imágenes de ese incidente de la política exterior que se produjo durante lo que es acaso el momento más sombrío de las relaciones entre Estados Unidos y Turquía y una época difícil para Trump y sus aliados en el Partido Republicano. La incapacidad de Trump para impedir la ofensiva turca contra los kurdos y su posterior utilización de los argumentos del presidente Erdogan acerca de los antiguos aliados de Estados Unidos provocaron indignación en todo el espectro político en Washington y exhortaciones a sancionar a Turquía a pesar de ser miembro de la OTAN.

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