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Exreo de Guantánamo, refugiado en Uruguay, lucha por ver a su familia 14 años después

Un ciudadano de nacionalidad siria está viviendo un verdadero drama en Montevideo, al mejor estilo de la película protagonizada por Tom Hanks, The Terminal, que aparentemente avista a su final, luego de culminar 68 días en huelga de hambre —alternados por la de sed—. Su único propósito: salir de Uruguay, país donde se encuentra desde hace dos años en calidad de refugiado. El quid del asunto es que es un exprisionero de Guantánamo.

 

Sin orden de captura, sin privativa de libertad, sin cargos en su contra se encuentra atrapado en la capital uruguaya, sin poder cumplir su deseo: reunirse con su familia tras 14 años de separación, en un país musulmán. Tras deponer su drástica protesta, Jihad Diyab solo dio a conocer: “El día jueves 20, con su salud ya muy afectada, recibió una propuesta para lograr viajar a otro país; propuesta que fue realizada ante el silencio continuado del gobierno… Es así que, aceptada esta solución intermedia a su reclamo, Jihad ha suspendido la huelga de hambre”.

 

Su abogado, Pablo Chargoñia, informó a este diario que una vez recuperado su cliente, viajará. No adelantó detalles de cuál sería el próximo destino del ciudadano sirio, quien salió de Pakistán el 1ero de abril de 2002, prisionero por los Estados Unidos. El representante legal solo agregó que desde esta semana Diyab está recibiendo un plan de alimentación diseñado por el Sindicato Médico de Uruguay, con el propósito de recuperar su organismo.

 

El próximo diciembre Diyab cumple dos años en Montevideo y en este tiempo no se ha podido adaptar a las costumbres occidentales y, por ello, reclama su derecho a la libertad. El idioma, la idiosincrasia, la cultura y la soledad lo hacen sentir peor que cuando estaba en Guantánamo, aseguró, en su momento, a una televisora local.

 

68 días pasó Diyab en huelga de hambre.

 

En la travesía que comenzó en el año 2014, tras la firma de un acuerdo entre la administración Obama y la del entonces presidente José “Pepé” Mujica, países como Argentina. Brasil y Venezuela han quedado vinculados con el hombre de origen musulmán, señalado por las autoridades de Estados Unidos de ser una ficha importante del movimiento terrorista Al Qaeda; sin embargo, en los 12 años que estuvo preso en la cárcel ubicada en territorio cubano nunca se levantaron cargos en su contra, nunca se realizó juicio, nunca fue condenado.

 

Diyab llegó a Montevideo en diciembre del 2014, con la promesa de que podría reunirse con su familia. No obstante, este ofrecimiento —aparentemente— estaba muy lejos de concretarse hasta esta semana, al verse en medio de negociaciones, renuncias de mediadores y en un grave cuadro de salud. En reiteradas oportunidades el sirio ha señalado que en Uruguay se encuentra abandonado, sin papeles, sin dinero y sin familia, por eso su insistencia en viajar a un país musulmán. Petición que choca contra invisibles muros legales.

 

Organizaciones que apoyan al musulmán no entienden por qué si el sirio es un hombre libre tiene limitaciones de movimiento. De hecho a mediados de este año huyó de Uruguay y llegó hasta Venezuela, de donde fue deportado a los pocos días, bajo supuestas presiones de Uruguay y de Estados Unidos.

 

El 11 de octubre de 2016 la Cancillería uruguaya entregó un comunicado al exprisionero, en los que se indicaba que: “los documentos de identidad emitidos por Uruguay ‘le permiten trasladarse fuera de Uruguay sin restricción alguna y cruzar las fronteras libremente’. Sin embargo, para Chargoñia, el episodio de su viaje a Venezuela no parece respaldar esta afirmación. El abogado aclaró que la salida de su cliente depende también de la concesión de permiso o visa del país que pretenda recibirlo y hasta los momentos no se ha obtenido una respuesta favorable.

 

El sirio llegó a Uruguay a instancias de «Pepe» Mujica.

 

En relación con el episodio vivido en Venezuela, Chargoñia no posee mayor información. Solo tiene certeza que la salida se produjo el 29 de agosto. Aparentemente las intenciones del sirio eran llegar a Brasil en busca de nuevas opciones para emprender camino al Medio Oriente. “Su intención era alejarse de Uruguay, país que Diyab entiende no le permite acercarse a su familia”, explicó.

 

El abogado rechaza la alarma generada por este viaje, al retomar las declaraciones oficiales de las autoridades sureñas, en las que se establece que Diyab “puede cruzar las fronteras libremente”. “Hay que advertir que ese mero cruce de frontera de Uruguay a Brasila dio lugar a sospechas infundadas sobre su intención y no faltaron insinuaciones sobre el «peligro terrorista», reitero, sin fundamento alguno”, indicó.

 

Junto con el hombre de 43 años a Motevideo llegaron cinco exreos de Guantánamo con el ofrecimiento de una vivienda y una ayuda económica de 14 mil pesos uruguayos mensuales, equivalente a 500 dólares, soporte que se venció el pasado septiembre. Desde ese momento los refugiados deben proporcionarse sus propios ingresos.

 

Diyab tiene “serias dificultades para desplazarse y no ha ingresado al mercado laboral”, asegura Chargoñia, quien agrega: “Ni la familia ni Diyab creen que con esta perspectiva puedan vivir dignamente en Uruguay. De hecho, con ese monto una familia no puede sobrevivir en nuestro país. Uruguay insiste, sin embargo, en que proveerá de casa a la familia e insiste en que ésta viaje a Uruguay —a pesar que han expresado que ese no es su deseo—. Pero tampoco dice hasta cuándo proveerá de vivienda. Ni tampoco ofrece sostenimiento económico para la vida digna de la familia”, recalca el letrado.

 

Diyab reivindica su derecho a vivir en libertad.

 

Chargoñia resalta la particularidad de este caso al recordar que su cliente es una víctima del sistema norteamericano, que lo mantuvo por 12 años preso, sin juicio y sometido a torturas en Guantánamo y al que se le incumple la promesa de reunificación familiar y de libertad de desplazamiento. La esposa e hijos de Diyab se encuentran en Ankara, Turquía, y la mujer ya ha manifestado su indisponibilidad de viajar a Uruguay y vivir con su esposo en el país occidental.

 

En este sentido, en medio de la huelga de hambre, el hombre sirio solicitó a las autoridades emitir cuatro cartas a Turquía, Catar, Líbano y Venezuela, donde se especifique que sobre él no pesa ningún impedimento de traslado, para que éstos le emitan una visa y así poder movilizarse. Sin embargo, hasta los momentos esos países no han procesado el documento, aunque ya las cartas fueron emitidas y al momento de la liberación de los seis detenidos Estados Unidos dijo con claridad que estos hombres no representaban un peligro ni para ellos, ni para sus socios o aliados.

 

Diyab fue detenido en Pakistán, a donde huyó proveniente de Afganistán por los bombardeos. Se le acusó de pertenecer a Al Qaeda desde 1990 y ser el encargado de falsificar documentos y pasaportes para que los extremistas pudieran viajar por todo el mundo, sin embargo, nunca se comprobó su participación en la red terrorista. Él siempre negó esta versión, aseguró ser un vendedor de miel. En la guerra de Siria ya perdió a un yerno y a su hijo menor. Su madre está en un campo de refugiados y su mujer espera la orden de volver a verlo en la frontera con el Líbano. “En 15 años no tuve derecho de nada, solamente de sufrir. No tuve una vida, pero es mi vida y nadie tiene control sobre ella”, dijo a CNN luego de su deportación de Venezuela.

 

Hoy tiene problemas para dormir y comer y sufre crónicos dolores de espalda, producto de las torturas infringidas en la cárcel. Desde el momento de su detención no ve a su familia. El hombre de 43 años también llevó a cabo una severa huelga de hambre en Guantánamo, donde se le introdujo —contra su voluntad— una sonda gástrica para evitar que muriera, debido a su gravedad. Las autoridades uruguayas temen por su vida y ya anunciaron que no recibirán a un exreo más. Para Chargoñia el solo reivindica “su derecho a vivir en un país árabe, tal como es su deseo, con su religión y sus costumbres”.

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