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Mercados: dos colchones económicos pierden fuerza ante la inflación

La política monetaria y fiscal, pilares históricos para amortiguar crisis, enfrentan restricciones que limitan su margen de acción ante nuevas turbulencias.

Macro shot of American dollar bills displaying currency detail for finance-related concepts.

Los mercados financieros globales podrían estar ingresando en una fase de menor protección frente a las crisis económicas. Dos herramientas fundamentales que durante décadas han servido para amortiguar las caídas, la política monetaria de los bancos centrales y la política fiscal de los gobiernos, afrontan actualmente restricciones significativas que reducen su capacidad de respuesta ante shocks económicos.

El límite de la política monetaria

Desde finales de la década de 1980, la respuesta estándar de los bancos centrales ante las turbulencias ha sido el recorte de tasas de interés y la inyección de liquidez, mientras que los gobiernos han recurrido a déficits fiscales mayores. Esta combinación no solo suavizó el ciclo económico, sino que también sostuvo las valoraciones de los activos. Sin embargo, ambos mecanismos se han debilitado simultáneamente. La inflación actual limita el espacio de maniobra de los bancos centrales, mientras que las altas tasas de los bonos soberanos y un nivel de deuda pública considerablemente mayor dificultan que los gobiernos vuelvan a desplegar estímulos fiscales de gran escala.

Henry Allen, analista de Deutsche Bank, advierte que «en ausencia de una fuerte caída de los rendimientos o de un desplome de la inflación, la mayor volatilidad macroeconómica llegó para quedarse». El origen de esta protección monetaria se remonta al desplome bursátil de 1987, cuando la Reserva Federal redujo las tasas tras una caída de más del 20% del S&P 500 en una sola jornada. Esta fórmula se repitió en las crisis de 1997 y 1998, y tras la burbuja puntocom, la Fed recortó las tasas en 475 puntos básicos durante 2001, llevándolas al 1% a mediados de 2003.

La crisis financiera mundial amplió esta respuesta, llevando las tasas hacia cero y desplegando programas de compra de activos. La pandemia llevó esta estrategia a otro nivel, con el déficit federal de Estados Unidos alcanzando el 14,5% del PIB en 2020, su mayor nivel desde 1945. No obstante, la inflación posterior cambió las condiciones. En 2022, aunque el S&P 500 entró en territorio bajista, la Fed ejecutó alzas de 75 puntos básicos para combatir la inflación. En 2023, la Fed y el Banco Central Europeo (BCE) siguieron elevando tasas pese a las tensiones bancarias, y en 2026 esa dificultad persiste, con la inflación por encima de los objetivos y reduciendo el espacio para recortes.

Restricciones en la política fiscal

El segundo colchón, la política fiscal, enfrenta sus propias limitaciones. Durante el periodo entre 1980 y 2020, la caída de los rendimientos permitió absorber mayores niveles de deuda. Desde la pandemia, el aumento simultáneo de rendimientos y deuda ha deteriorado esa dinámica. El rendimiento del Tesoro estadounidense a 10 años pasó del 1,9% a comienzos de 2020 al 5,2%. En Alemania, el rendimiento del bund con igual vencimiento avanzó desde menos 0,2% hasta 3,6%.

Según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI) recogidas por Deutsche Bank, la deuda pública neta de las economías avanzadas aumentó desde el 52% del PIB en 2000 hasta el 80% en 2025, con incrementos adicionales proyectados hacia 2030. Allen señala que «para generar un estímulo fiscal significativo, sería necesario elevar los déficits a niveles aún mayores que los actuales». Además, un estímulo fiscal que impulse la demanda cuando existen limitaciones de oferta puede trasladarse hacia los precios, provocando una respuesta monetaria más restrictiva que reduzca el efecto del gasto público.

Volatilidad ante la incertidumbre

Deutsche Bank encuentra antecedentes en los años 70, cuando los shocks petroleros elevaron simultáneamente la inflación y debilitaron el crecimiento, llevando a Estados Unidos a tres recesiones en la década posterior al primer shock petrolero de 1973. Aunque las condiciones actuales no son equivalentes, ya no existe el patrón oro y la inflación no está en niveles de dos dígitos, el margen de intervención es menor que durante las últimas cuatro décadas. «Los compromisos de política son ahora más agudos y, si la estabilización preventiva deja de estar disponible, habrá una mayor volatilidad macroeconómica por delante», sostiene Allen. La evolución de la inflación y de los rendimientos soberanos determinará cuánto espacio pueden recuperar estos dos colchones, mientras que, de permanecer elevados, los mercados afrontarán ciclos con menos libertad para intervenir ante nuevas perturbaciones.

Contenido redactado con asistencia de un LLM.

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