Elizabeth Holmes pasó de ser presentada como una joven promesa de la innovación médica a convertirse en el rostro de uno de los mayores fraudes empresariales de Silicon Valley. Su empresa, Theranos, aseguró que había desarrollado una máquina llamada Edison capaz de realizar cientos de análisis con una sola gota de sangre extraída del dedo, sin las molestias de una toma convencional.
Una idea que cautivó a inversionistas
Holmes ingresó en 2002 a la Universidad de Stanford para estudiar Ingeniería Química. Más tarde buscó apoyo dentro de esa misma institución para impulsar su proyecto, aunque recibió advertencias de que la sangre capilar no ofrecía la pureza ni el volumen necesarios para decenas de pruebas fiables. Pese a esas objeciones, abandonó la universidad en marzo de 2004, cuando tenía 19 años, y fundó Theranos.
Con el paso de los años, la compañía atrajo capital de inversionistas y elevó su valoración hasta 9.000 millones de dólares. Holmes, que controlaba el 50 % de las acciones, fue presentada como la multimillonaria más joven del mundo por la revista Forbes y se convirtió en una figura muy visible en Silicon Valley. Por su imagen pública y su forma de promocionar la empresa, también fue llamada la “mujer Steve Jobs”.
Entre sus principales apoyos estuvo la cadena de farmacias Walgreens, que firmó un acuerdo comercial y adaptó sus tiendas para instalar las máquinas Edison. Sin embargo, esos equipos nunca funcionaron como se prometía. Según quedó expuesto después, la tecnología no existía en los términos anunciados y los análisis se hacían con aparatos comerciales de otros fabricantes, utilizando sangre diluida para obtener el volumen requerido.



