El Monumental vivió este martes 6 de octubre la despedida de Lionel Messi de la selección argentina, en una noche de triunfo 3-0 sobre Benín, homenajes dentro y fuera de la cancha y una ovación de más de 85.000 personas.

Un estadio rendido al capitán argentino

El estadio llevaba más de dos horas lleno cuando Messi salió a calentar y el público se puso de pie para recibirlo. Antes del partido, el campo mostró mensajes de agradecimiento y una camiseta gigante con el número 10 y la palabra “Gracias” en el lugar reservado para el nombre.

Messi ingresó al terreno acompañado por sus hijos. Mantuvo la mirada fija al frente durante casi toda la interpretación, pero al apagarse los últimos acordes se quebró y se secó las lágrimas antes de saludar a sus rivales.

El capitán de Benín se acercó entonces para entregarle una estatuilla y una carta del plantel africano. Después, Messi buscó a cada uno de sus compañeros para abrazarlos antes del pitido inicial.

Los homenajes siguieron durante el juego. Al cumplirse el minuto 10, el árbitro detuvo el partido y todo el Monumental volvió a levantarse para ovacionarlo, con fuegos de artificio y un coro incesante desde las gradas.

El penal del 126 y el cierre de una era

Tras una primera parte en la que buscó el gol en cuatro ocasiones, el momento llegó en la segunda mitad. Una falta sobre Giay dentro del área terminó en penal y Messi se hizo cargo.

El capitán convirtió su gol número 126 con la selección y desató otra gran ovación. Sus compañeros corrieron a abrazarlo mientras la tribuna volvía a corear su nombre.

Era su partido número 208 con Argentina, cifra récord para el futbolista con más presencias y goles en la historia de la Albiceleste.

También hubo tiempo para una última conexión entre dos leyendas de la Scaloneta: Otamendi, también en su partido de despedida, marcó con un remate de derecha tras un tiro de esquina de Messi.

Luego entraron varios de los jóvenes que tendrán que asumir el protagonismo sin Messi. Uno de ellos fue Nicolás Paz, de 22 años, señalado como posible heredero del lugar del ídolo y de su camiseta número 10.

El traspaso de testigo pareció por un instante casi literal: promediando la segunda mitad, Messi le entregó la pelota y el joven marcó con un zurdazo desde fuera del área.

En la última jugada, Messi ejecutó un tiro libre que se marchó desviado y, apenas después, el árbitro se acercó, pidió la pelota y se la entregó al capitán antes de señalar el final del encuentro. El balón quedó en sus manos como cierre de más de dos décadas con la selección argentina.

Las tribunas volvieron a ponerse de pie y su nombre bajó otra vez desde los cuatro costados del estadio. El “Gracias” desplegado antes del partido terminó convertido en el último mensaje del Monumental para su máximo ídolo moderno.