La selección de España consolidó su éxito en la Copa del Mundo 2026 apoyada en una identidad de juego basada en la tenencia del balón y una agresiva presión tras pérdida. Según el análisis del Grupo de Estudio Técnico de la FIFA, este enfoque permitió al equipo mantener el control durante la mayor parte del certamen.

Dominio estadístico y presión alta

El combinado dirigido por Luis de la Fuente registró un promedio de posesión del 58% a lo largo del torneo. La efectividad en la recuperación fue otro factor determinante, ejecutando presión tras pérdida en el 60,1% de las ocasiones en campo contrario, una estrategia que derivó en numerosas oportunidades de peligro.

En el plano individual, Rodri destacó como el líder en acciones tras pérdida, registrando 18 intervenciones por cada 30 minutos sin balón. Por su parte, Pedri lideró el volumen total de participación en la presión, mientras que Pau Cubarsí se consolidó como una pieza clave en la retaguardia, situándose como el tercer jugador con más recuperaciones. Esta estructura defensiva permitió que el equipo concediera apenas 0,31 goles por partido.

El papel de los extremos y la salida desde el arco

El informe también subraya la importancia del juego por las bandas para desarticular a los rivales. La combinación de laterales y extremos, como el despliegue por la derecha de Lamine Yamal junto a Pedro Porro, facilitó la generación de situaciones de uno contra uno y la ocupación de espacios entre líneas.

Finalmente, el desempeño de Unai Simón fue fundamental, no solo por sus intervenciones bajo los tres palos, sino por su capacidad para iniciar el juego mediante pases que lograban saltar líneas de presión rivales, manteniendo el orden defensivo del equipo durante las transiciones.