Carlos Hernández es un apasionado del rock, los tatuajes y la buena comida. Su trayectoria como chef de la cocina zuliana está respaldada por 18 años de trayectoria en la que ha demostrado que no existen limitantes, sino por el contrario, innovación basada en lo propio, en lo hecho en casa y que va más allá de una buena masa para hacer mandocas.
Sus inicios no fueron fáciles, sin embargo, no le da vergüenza reconocer que sus primeros pasos los dio como vendedor de helados en el antiguo club Granja alegría y debido a su pasión, estudios y disciplina es hoy el gerente de alimento y bebidas y chef ejecutivo del Hotel kristoff.
En conversación con FACETAS Carlos dijo que aún le faltan tatuajes por hacerse, platos por preparar y ya no le incomoda el hecho de que le digan, que por su apariencia, parece un “loco”. Por el contrario, él emprendió un camino lleno de sabores auténticos de los que nació el movimiento gastronómico emprendedor llamado Warisyorlava.
“’Warisyoslava’ es un emprendimiento en el que nos organizamos un fotógrafo, un periodista y yo como chef, porque siempre he considerado que cuando uno tiene experiencias, hay que contarlas, investigar, probar y dejar fluir todas aquellas impresiones que genera lo novedoso. No es una propuesta hippie, porque recorremos Venezuela para mostrar nuestra idiosincrasia y eso necesita de planificación y esfuerzos que nos han dado excelentes resultados”, dijo Hernández.
Este chef, como él mismo dice, trabajó en cuanto restaurante le dio la oportunidad y por todo el país, para dar a conocer que en su tierra “no todo es fritanga”. Es miembro fundador del Grupo Occidental Gastronómico, que le permite cocinar en muchos sitios con la premisa de lo zuliano como protagonista.
“Mi propuesta es de autor; simplemente un recorrido por los sabores con los cuales crecí. Me gusta trabajar con cortes de tercera y preparaciones que requieren tiempo de cocción. La técnica, el cuidado de la estética y la obsesión por la calidad del producto es algo que cuido al detalle”.
¿Maracaibo va más allá de una mandoca y un patacón?
Somos una ciudad de tendencias que van en evolución. Eso quiere decir que nunca nos quedamos atrás, porque estamos en constante retroalimentación de los movimientos gastronómicos.Y algo que hay que destacar es que en Maracaibo hay una evolución que ha llevado a los carritos de las calles trasladarse a un local. Algo muy al estilo americano, aunque el chef gringo está apostando en hacer lo contrario y por eso siento que hemos evolucionado. Veo propuestas de cocineros zulianos que son interesantes, orientadas hacía lo criollo. No hay que evolucionar por evolucionar, pero sí hay que cambiar. Hay que seguir adelante.
¿Cuál es su visión de la gastronomía del Zulia?
Es como el zuliano, es chillona, colorida, picante, gritona, divertida, es pesada, sabrosa y es cálida.
¿Cuál es el mensaje que le quiere dar a aquellas personas que quieren emprender en el área gastronómica?
Por estadística del 100% el 75 % está dispuesto a fracasar en el tema de alimentos y bebidas por llevar la premisa de que: ‘Si yo cocino bien en casa y atiendo bien a quienes invito, puedo montar un restaurante’. Cuando en realidad en lo que hay que concentrarse es en el servicio. Hay mucha carencia de eso. Es un negocio cambiante. El servicio es nutrir y tomarlo con seriedad, de la seriedad viene el atrevimiento, del atrevimiento viene el emprendimiento. Es un trabajo fuerte en el que se requiere rutina y disciplina. Si están dispuestos a eso, hagánlo.