La ciudadanía, es un status jurídico-político a través del cual, los miembros de una nación adquieren derechos y deberes como integrantes de la sociedad, tanto en lo político, como en lo civil y en lo social. Son además, responsabilidades propias de la interacción entre el colectivo, para favorecer el desarrollo común y la convivencia. Estos preceptos, tienen como fin la inclusión, la igualdad y el respeto, de los derechos propios y de los demás, lo cual, sin duda, va a estar delimitado por la ética, la moral ciudadana y por los valores arraigados, que a su vez, se traducen en el comportamiento adecuado de sus miembros.
Existen parámetros, dictados por las leyes que la sociedad dispone para que, a través de la justicia, todos sean tratados por igual. Y esto, también implica la conducta inapropiada que los ciudadanos demuestran, la cual, más allá del apego que exigen las normas, debería considerarse como un atropello a los demás, representando una violación al compromiso ético, moral y del buen ciudadano. Se pueden analizar, algunos ejemplos de acciones públicas erróneas, como pasar un semáforo en rojo, rebasar a un conductor indebidamente, demostrar una actitud amenazadora al manejar o aquellas más cotidianas, como no acatar una cola ordenadamente, no respetar el turno correspondiente, botar desperdicios en espacios públicos, entre otros.

