Ayer hablando con un amigo, que por muchas razones hace mucho tiempo que se convirtió en familia, me recordó una frase característica de mi papá. Al recordármela fue para los dos un bonito momento de reflexión. Mi papá decía ¨Gracias a Dios soy Ateo.” Lo dijo un montón de veces a lo largo de la vida y pues como pasa con frecuencia yo escuchaba la frase sin ponerle demasiada atención o analizar su contenido. A mi papá no le gustaba ir a misa.
Sin embargo, siempre asistió a la iglesia en todas las citas importantes de la familia y amigos, bautizos, comuniones, matrimonios y velorios, siempre con respeto se quedaba parado en la parte de atrás de la iglesia, en el momento de la paz daba la mano a quien se le acercara o sonreía. Era su forma de mostrar respeto y a la vez compartir los momentos importantes.
Lo mas curioso de esta situación es que fué él quien nos enseñó a rezar. Lo recuerdo de niña acompañándonos en el cuarto antes de dormir no solo enseñándome una oración sino contándome conmovido que su papa, mi abuelo, le había enseñado esa oración. Es la que comienza diciendo “Oh señora mía, oh Madre mía yo me entrego del todo a vos.”
Creo que era la única que se sabía completa, con las otras digamos que improvisaba. Siempre nos habló de Dios, de un Dios muy bonito. De un Dios de amor. Una vez me dijo ¨Si yo no puedo ponerme bravo contigo, mucho menos Dios se pondría bravo¨ así veía él a Dios, como un Ser noble, bondadoso y protector, como una imagen bonita a quien apelar para agradecer, para bendecir y para perdonar. Jamás habló sobre la posibilidad de castigar.
Cuando mi hija iba a hacer su primera comunión en su colegio tuvieron una idea bellísima: pidieron que la familia les escribiera cartas a las primo-comulgantes explicándoles quien era Dios y lo importante del sacramento que iban a recibir. Gracias a esa iniciativa, mi hija recibió de su padrino una de las cartas mas hermosas que he podido leer alguna vez.
Le hablaba de lo importante de creer, de tener Fé, de confiar en un ser superior del que solo recibiría amor. Le aconsejaba abrir la mente y entender que hay gente que lo llamará Dios, otros Jehová , otros Alá, otros lo venerarán a través de figuras o imágenes, pero que lo importante era aprender a creer, a confiar , a amar y sobre todo a tener Fe.
Intento todos los días vivir sintiendo que es así, que hay un Ser superior que logra que todos de alguna forma estemos en comunión, su mensaje es simplemente amor, a partir de allí todo lo que salga debería ser hermosamente bueno.
Cuando mi papá entendió que su tiempo en la tierra había terminado y que las horas que quedaban antes de decirnos adiós eran pocas, le preguntamos si quería a un sacerdote y ¿saben que nos contestó? “Llamen al gordo” – este amigo que hoy me recordó esa frase – “y díganle que agilice los tramites para que Dios me reciba, que como él si sabe rezar me va a palanquear” en una forma simpática de decir que nuestro amigo tenía un contacto mas directo con Dios. Luego reunidos a su alrededor, decidimos en familia rezar juntos la oración que el nos había enseñado y así nos dijo adiós.
Pues sí, ese Ateo me enseñó a rezar, me enseñó a amar, me enseñó a tener Fe, me enseñó a ser tolerante y respetuoso incluso ante lo que no entiendo. Me enseñó que se puede decidir creer o no creer, pero que es más simple y mas bonito creer que si hay un Ser superior que nos rodea de amor cuando más lo necesitamos.
Mi mamá ahora va los domingos a misa, me imagino que él también va y se queda parado una vez más en la parte de atrás. Mi fe me permite creer que él está allá arriba, reunido con sus mejores amigos, hablando de cine y de política, tratando de arreglar los problemas del mundo como él decía, probablemente tomándose un ron con coca cola o un bloody Mery, en el cielo se puede hacer todo lo que te haga feliz, sé que incluso ayuda y recibe a los amigos nuevos que llegan, me lo imagino hasta viendo futbol, se que nos extraña tanto como nosotros a él, pero creo que en su amor tan grande nos permite tenerlo siempre en nuestra alma.