En temporadas de alto calor nuestra alimentación cambia y debe volver más fresca. No es habitual ser tan rígido con los horarios como en el resto del año y, cuando el calor aprieta, se pueden notar cambios en la sensación de hambre.
El calor, de hecho, es uno de los mayores problemas a los que hay que enfrentarse en estos meses. Su principal repercusión, el sudor, se produce para regular la temperatura corporal, pero puede provocar deshidratación en caso de que no se asegure un óptimo estado de hidratación.
Entonces, ¿qué alimentos son los más adecuados para consumir en verano? ¿Y los que sientan mejor en esta época? La nutricionista Martiza Martínez explica a los lectores de FACETAS cuáles son los alimentos más indicados en estos calurosos días:
1. Asegurar un buen estado de hidratación. El primer objetivo cuando se planifica la alimentación es asegurar un óptimo estado de hidratación. Por eso, será importante garantizar una buena ingesta hídrica y de alimentos con un elevado contenido en agua, vitaminas y minerales.
Frutas y verduras frescas son alimentos perfectos para conseguirlo, sobre todo si se preparan en recetas frescas, como ensaladas, purés o sopas frías, que pueden contribuir a una mayor sensación de frescor.
2. Evitar cocciones fuertes y platos muy condimentados. Si se quiere que la digestión no se resienta, nunca está de más olvidarse de las cocciones excesivamente grasas, platos demasiado abundantes o calóricos y recetas muy condimentadas. Se deben evitar cocciones tales como los fritos, rebozados o guisos ricos en aceites y, por contra, potenciar cocciones frescas como ensaladas, horno, vapor o plancha.
El uso de condimentos y picantes en exceso también provoca malas digestiones. Ocurre lo mismo con el alcohol, que se debe evitar a toda costa.
3. ¿Algún alimento no recomendado? En general, las bases de la alimentación no son diferentes en invierno o en verano, de manera que la organización de la dieta y el equilibrio dietético debe ser el mismo. Así pues, comida y cena tienen que garantizar un óptimo aporte de carbohidratos, grasas y proteínas.
Esto se consigue asegurando en cada comida una ración de verduras u hortalizas frescas, una ración de algún alimento feculento (patata, pasta, arroz, legumbres, quinoa, etc.) y un contenido moderado de alimentos ricos en proteínas (carnes, pescado o huevos). También se debe evitar un exceso de alimentos cárnicos elaborados (hamburguesas, longanizas, embutidos, etc.), carnes rojas o ricas en grasas. Además, el postre de elección debería ser siempre la fruta fresca.
Tips adicionales y prácticos para cuidar la alimentación:

Asegurar la ingesta de agua, sobre todo en los días más calurosos.
Escoger fruta de postre en la comida y la cena.
Realizar cocciones suaves y evitar platos muy elaborados y condimentados.
Seleccionar platos y recetas con hortalizas y verduras frescas.
Asegurar una gran variedad de frutas y verduras en la dieta.
Evitar carnes y derivados cárnicos grasos como las hamburguesas, longanizas o embutidos; y escoger porciones poco grasas de alimentos proteicos como pollo, conejo o pescados.
