De gala o informal, Migbelis Castellanos no pasa inadvertida. La joven de 20 años llega a nuestro encuentro en jeans, con chaqueta y rollos, si embargo no faltó quien volteara como ventilador para contemplarla. Pide unos minutos para cambiarse y al salir del camerino improvisado en la oficina de mercadeo del hotel Crowne Plaza Maruma deslumbra con un vestido de Douglas Tapia, transparente, repleto en pedrería, que la hacen lucir como una verdadera reina.
“¿Está mejor que el rojo?”, bromea rompiendo el hielo, haciendo alusión al tan criticado traje de Gionni Straccia que lució en el Miss Universo, hace justamente un año.
La chica se sienta y toma el control de la entrevista, ella misma se pregunta y se responde. Para empezar, asegura que en el 2015 se dio cuenta que creció muy rápido para el poco tiempo que lleva dentro del mundo del entretenimiento. “Gané el Miss Venezuela en el 2013 y ahora le cuento historias a la gente que viví en el concurso y se me hace increíble porque apenas han pasado dos años aunque a mí se me hace una eternidad. Después del Miss Universo mi vida dio un giro muy grande, no hace falta tener la corona para que tu vida cambie, el simple hecho de participar en el Miss Universo te hace diferente. De hecho, cada vez que entro en Estados Unidos en emigración me dicen: ¿Cuál es su ocupación?, les digo: ‘Soy estudiante y soy miss Venezuela 2013 para el resto de mi vida’. Es un chiste, pero es una carta de presentación. No la única porque en 2016 terminaré mi carrera, pienso seguir en la farándula porque me gusta mucho. Me encantan las fotos, compartir con la gente, que se sientan identificados con mi personalidad, porque sobretodo, aquí en el Zulia la gente es así, besa a un desconocido, hace chistes”.
Sonriente en todo momento, a pesar del madrugón que dio para llegar de Cabimas a Maracaibo, la rubia afirma que nunca contemplado retirarse del medio artístico como han revelado algunas publicaciones. “Simplemente no tengo un proyecto a corto plazo que pueda compartir con el público. No tiene sentido hablar de nada. Después del Miss Universo puse los puntos sobre las íes y me di mi año sabático, lo necesitaba. Me hacía falta descansar en mi casa, no usar pestañas postizas, tacones. Ya me urgía estar tranquila, pero vengo con las pilas puestas, verán a una Migbelis más madura profesionalmente, más tranquila con todo lo que pasó. Creo que las críticas y las redes sociales me han hecho más fuerte y pues ahora voy a utilizar esas herramientas a mi favor”, recalca la futura periodista.
Migbelis se defiende ante Facetas y manifiesta que nunca busco ser escandalosa. “Definitivamente el público fue quien me dio el calificativo de polémica y mediática. No fue algo que yo quise, se dio poco a poco. Es que nunca me he quedado callada ante nada. Obviamente fui portada de muchos periódicos por ser Venezuela. Estaba en Miami, había mucho latino, mucho más venezolano, y eso me daba más fuerza. Cada vez que salíamos a la calle yo tenía una barra para mí sola, todos querían fotos conmigo. Es algo que todavía aprecio. Por ahí me ven con lentes, con gorra y me llaman, me saludan”.
Pero a pesar de todo el huracán levantado, ¿qué le dejó el concurso?: “Experiencia y muchos recuerdos. ¿Tú te acuerdas del vestido rojo? (risas). Yo sí. Pero bueno, son cosas que pasan, creo que fue el destino, no era para mí. A lo mejor Dios me dio la lección de hacerme entender que aunque siempre quise ser miss Venezuela, el Miss Universo funcionaba de otra manera”.
“El Miss Universo me enseñó a no arrepentirme de las decisiones tomadas. Aunque si regreso el tiempo y me ponen a escoger entre el vestido rojo y otro, yo no me lo hubiese puesto, siendo muy sincera. No es algo de lo que me lamente, porque hizo que mi nombre sonara. Eso es lo importante. Peor habría sido pasar por debajo de la mesa. Pero aquí entre nosotros, las fotos que tengo del Miss Universo son muy feas (risas). ¡Terribles! Mi mamá no tiene esas imágenes en la sala de mi casa, y tampoco voy a permitir que las tenga. Lastimosamente mis hijos la van a ver porque están en internet”, acotó la zuliana.
“Yo me sorprendí, porque todo lo que pasó nadie lo puede creer, a veces, ni yo misma. Se me hace increíble que esté en mi casa, sola, viendo televisión, y al salir al frente tengo gente que quiere saludarme. Aunque también he pesando que la fama no es para todo el mundo, es muy difícil manejarla. Nadie está preparado para la muerte, ni para ser famoso. Yo no estaba preparada, sabía que mucha gente me iba a conocer, pero no me preparé para la popularidad”.
Ahora, un poco alejada de los reflectores, Castellanos radica en Tampa, Florida. “Ahí está mi universidad, donde finalizaré mi carrera. Ya tengo listas las equivalencias; no pensaba sufrir otra vez con morfosintaxis (materia de comunicación social), y bueno, ya hice mi papeleo universitario. Tengo un proyecto personal a ver si el otro año se puede dar. Confío en Dios que en el primer trimestre pueda lanzar mi marca de cosméticos, hemos trabajado en eso. Podría ser By Milynette. Mientras tanto voy a mi gimnasio, descanso. Viajo a Caracas, que si a reuniones, sesiones de fotos, animando eventos”.
“Allá como muy rico, me la paso viendo videos de maquillaje en YouTube”. Cuando su novio, el beisbolista venezolano Francisco Cervelli va a los estadios ella lo acompaña. “Me encantaría conocer todos los estadios de Estados Unidos, pero no creo que pueda porque también tengo mis ocupaciones. Con Francisco me pasó algo especial, ya que me encantaba el deporte, pero no era necesario que fuera un deportista el hombre que soñaba, no era un requisito. Siempre esperaba un hombre familiar, que le encantara estar con su mamá, con su papá, con sus primos, amigos. Él lo es, aunque se cierra con la prensa. Lo que pasa es que nuestros campos de trabajo son muy distintos; el mío es más abierto. Él con su vida personal es más limitado, sin embargo conmigo se fregó porque yo publico fotos de él en mi Instagram y nisiquiera se da cuenta (risas). Nos encanta viajar y hacer cosas diferentes. Podemos estar un día bien formarles en una cena y luego en bikini en la playa. En casa no se come chatarra, ni comida maracucha. Nada de frituras. Tenemos que alimentarnos muy sana, porque los dos respiramos y engordamos. Sin embargo, él vino en octubre, y no se salvó de comerse un patacón”.
Por el momento la exmiss está abierta a escuchar ofertas de los canales venezolanos. Le han hecho propuesta de teatro, pero las ha rechazado porque no ha estudiado actuación. “Todos los productores que me quieran llamar, aquí estoy”.
¿Roces con Venevisión?: “Para nada, a ese canal le agradezco haberme puesto en pantalla durante todo el año que fui miss Venezuela”. ¿Con Osmel quedó todo solucionado?: (después de un breve silencio se ríe y responde) “Más nunca me vi con Osmel, ni con Giselle. Creo que ella todavía me sigue en Instagram, aunque no he visto si le da like a mis fotos (risas). Lo que puedo decir es que tengo muy bellos recuerdo”.
Espera la llamada de Telemundo para un programa, y agradece los consejos de Daniel Sarcos, quien la ha ayudado.
Con todo el revuelo del reciente Miss Universo, si ella fuera miss Colombia, ¿qué hubiese hecho?: “Me quito la corona, la banda, miro a la cámara sonriendo, y se la entrego a Filipinas, aunque después hubiera llorado muchísimo con mi mamá en la casa”.